Los alumnos critican la escasez de medios

  • Denuncian el mal estado de las instalaciones y que tienen que costearse las fotocopias

"Ahora que somos mayores ya no somos rentables y, por consiguiente, cada año se nos hace más difícil la permanencia en estos centros". Ésta es la crítica de los representantes de los alumnos del Consejo Escolar del centro de mayores Occidente. Los estudiantes denuncian la escasez de medios que tienen estas instalaciones y las dificultades que esta situación les provoca.

Desde el Consejo Escolar explicaron a el Día que hace dos años el Ayuntamiento no aporta fondos, ya que no suscribe el convenio necesario con la Consejería de Educación. Una de las principales consecuencias de este hecho es la escasez de dinero, lo que provoca, entre otros casos, que los alumnos del centro del Parque Cruz Conde tengan que pagar cinco euros al mes para financiar la adquisición de una fotocopiadora. Calor en verano y frío en invierno son otras de las consecuencias que padecen estas personas, cuya edad supera los 60 años, y que reclaman que ambas administraciones firmen el convenio. Según la información facilitada a este diario, estos centros tan sólo reciben de la Administración autonómica alrededor de 1.800 euros cada año, mientras que el Ayuntamiento les abonaba 4.600 hasta hace un par de años.

El portavoz de estos alumnos en el Consejo Escolar, Luis Navarro, aseguró que "cada vez tenemos más problemas para estar en estos centros", ya que incluso "tenemos que pagar las fotocopias".

En el centro Occidente, ubicado en la barriada de Las Palmeras, también existen problemas de este tipo, pero la preocupación de su alumnado y profesorado se centra en las instalaciones, ya que tienen que compartirlas con los escolares del colegio de Educación Infantil y Primaria Churruca. Así, todas las tardes tienen que disponer de las mesas y sillas de las clases que los niños abandonan por la mañana. Pero no sólo es eso, sino una vez que concluyen sus clases, también tienen que dejar sus pupitres -que no están adecuados a su edad- como se los encuentran al comenzarlas. Las instalaciones del centro Occidente también presentan barreras arquitectónicas para estos alumnos, como las escaleras que tienen que subir para asistir a clase o, incluso los aseos.

Los docentes también sufren estas carencias, ya que disponen de sólo una habitación que sirve como sala de profesores, taller de informática, sala de reprografía y sala de tutoría. Ante la escasez de espacios tampoco pueden impartir clases de informática, ya que esta sala es de dimensiones reducidas. Al respecto, uno de los profesores de este centro, Luis Mateo, reconoce que "hay problemas a la hora de compartir el colegio". Su compañera de claustro, Menchu López también muestra su disconformidad ante esta situación que se prolonga ya desde hace varios años y que les imposibilita realizar su trabajo de manera eficiente, tal y como a ellos les gustaría.

Lo que resulta curioso es que a pesar de todos estos impedimentos, estos alumnos acuden siempre que pueden a clase con alegría y un claro objetivo: aprender todo lo que no pudieron cuando eran pequeños e intentar recuperar ese tiempo en que en lugar de compartir juegos, lápices y estudios con niños de su edad, lo invertían trabajando para ayudar a sus familias a sobrevivir.

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