Temporada alta para la mendicidad

  • El comercio demanda más seguridad ante la mayor presencia de ciudadanos extranjeros, sobre todo de origen rumano, que acuden a las zonas de tiendas para pedir lismona, su principal forma de vida

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Para algunos, no hay más de los que hubo meses atrás. Pero para una mayoría de los comerciantes del centro de la ciudad, en cambio, la campaña de Navidad es como un escaparate que atrae a decenas de personas que ejercen la mendicidad. Dado que éste es su principal medio de vida, el habitual bullir de estas fechas en calles como Cruz Conde, Concepción o Gondomar provoca que ciudadanos de Europa del Este afincados en Córdoba intensifiquen su actividad. Es, sin más, su "temporada alta" o el "anticipado agosto", como así lo definen algunos de los encargados de los establecimientos consultados por el Día.

Suelen ser de los primeros que llegan cada día a la vía pública y podría decirse, sin miedo a equivocarse, que se encuentran entre los últimos en abandonar el centro al anochecer cuando los enclaves comerciales se convierten en una ciudad fantasma. Llegan por parejas y lo habitual es que se encuentren en la intersección de las calles, donde aprovechan para analizar -en su idioma- cómo les va la jornada y se reparten los itinerarios para continuar reclamando unas monedas.

Cuando el reloj apenas marca las 08.00, la hora en la que las cafeterías sirven los primeros desayunos de la jornada, empiezan a verse las primeras mujeres por la calles. Ataviadas con varios jerseys para protegerse del frío, una falda que le llega hasta los tobillos y chanclas de verano con calcetines, llegan a las zonas comerciales para hacer su ronda. "Dame un euro", repite una de ellas una y otra vez. Rara vez se encuentran con que el viandante de turno se eche la mano a la cartera, coja algunos céntimos y se los dé como limosna. La escena se repite a cada minuto y hay algunas ocasiones en las que los ciudadanos a los que les piden ayuda reaccionan con enfado por el "incordio" que suponen. De hecho, han aparecido carteles en muchas tiendas del centro en las que se reclama que no se dé limosna.

Entre los comerciantes hay división de opiniones en este sentido, aunque la mayoría dice que en la antesala de la Navidad "te encuentras" personas que ejercen la mendicidad "en cada esquina". Muchos de los encargados consultados, como la responsable de la tienda Fresón, los ven como una "amenaza" a la seguridad de las personas que acuden al centro para hacer sus compras. "Éste es un comercio muy pequeño y, cuando hay mucha gente, aprovechan para meter la mano en el bolso y robar carteras". En la misma línea se encuentra el propietario de la mercería La Central, también situada en la céntrica calle Cruz Conde, aunque en su caso no ha sido testigo de ningún robo. Este comerciante destaca que una vez le rompieron los cristales de su tienda para llevarse algunos productos que tenía en el escaparate. Tiene sus sospechas sobre los autores del robo.

También hay algunos comerciantes que, aunque declaran que "la situación es la misma", manifiestan que, a sus establecimientos, no acceden. Así lo expone el dependiente de la zapatería Zabel, localizada en el centro de la ciudad. "Por la calle seguro que meten la mano en los bolsos, pero en esta tienda no entran", dice. En cualquier caso, todos coinciden en que los cuerpos de Policía "no actúan con contundencia".

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