"Siempre he sido un médico humano pero desde mi trasplante, aún más"

  • El jefe de la sección de Cirugía Digestiva del centro cordobés recibió un nuevo corazón hace 18 años tras sufrir un infarto agudo de miocardio mientras operaba

El doctor Antonio Gordón se encontraba operando a uno de sus pacientes cuando su corazón se paró de repente. En sólo unos segundos, pasó de médico a enfermo, y además de los críticos. De esto hace ya 18 años y hoy afronta su vida como si nada hubiera pasado. En los albores de la primavera de 1990, el jefe de la sección de Cirugía Digestiva sufrió un infarto agudo de miocardio que lo mantuvo en la UCI mucho tiempo. Tras someterse a un bypass coronario que no resultó como se esperaba, pasó a engrosar las listas de espera de enfermos del corazón con la distinción de código cero, es decir, máxima prioridad debido a su pésimo estado de salud. "Nunca había padecido de nada; ni fumaba, ni bebía; fue algo inexplicable", recuerda hoy mientras saca un hueco entre consulta y consulta.

Llegó a Córdoba hace 30 años procedente de su Madrid natal. Aquí inició una carrera fulgurante como cirujano, estableció su vida, fue nombrado director médico, obtuvo una plaza de profesor universitario y, también, nació por segunda vez.

El Servicio de Cirugía Cardiovascular del centro cordobés había realizado un par de trasplantes antes de 1990, pero no tenía la experiencia que acumula en la actualidad. Además, el doctor Manuel Concha, jefe de servicio y responsable de los trasplantes de corazón en esas fechas, se encontraba en EEUU en un viaje de formación. Así que el doctor Montero, actualmente jefe de servicio del Hospital La Fe de Valencia, asumió el reto: El desafío de implantar por primera vez un corazón y el hecho de tener que hacerlo a un gran amigo. Él mismo fue a por el órgano a otra provincia andaluza y se lo colocó a su compañero. En cinco meses, Antonio Gordón ya estaba otra vez viendo a pacientes, como si nada. "Yo no me enteré de mucho; mi familia fue la gran sufridora", narra. Este difícil momento le sirvió para aprender a valorar las cosas pequeñas de la vida, aquello en lo que antes no reparaba demasiado. Su enfermedad también le ayudó para seguir creciendo como cirujano, e incluso con la entrada del nuevo siglo fue nombrado director médico después de un tiempo como subdirector. En 2002, sacó su plaza en la Facultad de Medicina, una tarea que compagina con la actividad clínica y con los viajes, una de sus pasiones. "Siempre me he considerado un médico humano, pero desde mi trasplante, aún más". Reconoce que sabe quién le donó el trasplante, pero nunca le ha dicho nada a la familia para no revivir el dolor. "Fue un chaval joven que sufrió un accidente". También ha sido presidente de la Asociación de Trasplantados de Corazón.

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