San Basilio, la casa de la artesanía

  • Artistas cordobeses trabajan en un patio de vecinos en sus talleres de productos de siemprel producción manual Los turistas son los principales consumidores de piezas de cerámica, cordobanes y perfumes, la oferta disponible.

El barrio de San Basilio mantienen hoy un lugar donde la tradición sigue teniendo un hueco. La artesanía, reflejo durante siglos de la identidad de los pueblos, es el motivo principal de un patio vecinal situado en el número 50 de la calle San Basilio. Allí, distintos trabajadores utilizan la habilidad de sus manos y las técnicas de siempre para elaborar productos que posteriormente venden. La originalidad del diseño supone un requisito fundamental: cada pieza debe ser diferente a las otras e identificar al artesano respecto a otros fabricantes.

Inmaculada Alarcón ya lleva 15 años en la profesión. Trabaja en su taller de cerámica en el patio desde hace nueve años. Las técnicas de cuerda seca, bajocubierta, sobrecubierta y relieve no constituyen ningún secreto para ella. Pinta azulejos y cuadros, esculpe esculturas y elabora una gran diversidad de pendientes y colgantes, lo que hace que ella misma se defina como "muy polifacética". "Aquí hago de todo, pero lo que en realidad más me gusta es la pintura, especialmente sobre azulejo, que es una técnica muy complicada porque interviene también el horno y no sólo la mano del artesano", asegura.

Aunque la venta se prolonga a lo largo de todo el año, dada la peculiaridad de la oferta, la artesana tiene claro cuál es la época en la que sus productos se venden con mayor éxito. "Mayo es el mes por excelencia de los patios y eso repercute en la venta, sobre todo de cara a los turistas; el resto del año las mayores ventas se producen fuera del recinto, en tiendas de la ciudad", asegura.

Junto al taller de Inmaculada se encuentra el de Mariló Rodríguez-Campos, que desde hace varios años se dedica al trabajo del cuero en sus dos técnicas fundamentales, el cordobán y el guadamecí, parte del bagaje artístico de la ciudad desde siempre.

El cordobán no lleva prácticamente color, utiliza unas tonalidades muy suaves, mientras que el guadamecí va policromado y destaca por su colorido. Escudos heráldicos, rosatos, maúles y cartapacios están presentes en el taller de Mariló. Actualmente, dice, "la gente no valora la artesanía como debiera y prefiere comprar algo que no está por una pieza que sea un poco más barata". "En realidad, la diferencia económica es mínima entre ambas formas de producir cuando la diferencia de calidad es enorme".

Francisco Rosales posee en el patio un taller de perfumes. Al jazmín y al azahar, siempre presentes en sus creaciones, se han ido añadiendo con el tiempo aromas de rosas, claveles, nardos y milflores. "Seguimos experimentando en la búsqueda de nuevas fragancias para aumentar nuestra oferta de cara a la mujer", añade el artesano.

Se encarga fundamentalmente de la comercialización de dos tipos de frascos de miniatura que tienen una gran aceptación como regalo de boda. Y es que, para Rosales, el público que acude a su taller no sólo lo hace por la búsqueda de la fragancia sino también por la calidad artística del recipiente, que hace el producto más atractivo. También manifiesta que estar en un patio de vecinos ayuda a promocionar la imagen de la ciudad de cara al exterior."Cuando los turistas vienen en mayo y visitan los patios, lo primero que suelen percibir es el olor de las flores. A través del perfume en cierto modo estamos vendiendo Córdoba", indica este artesano.

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