La Córdoba que no despega

  • El debate sobre los equipamientos no ejecutados se mantiene al frente del debate político · El Palacio del Sur atraviesa su crisis más grave, lo que obliga a reformular el proceso

No hay mejor metáfora que la de Flysur para explicar los problemas de desarrollo de Córdoba. La empresa emprendió a primeros de septiembre la aventura de conectar la ciudad con Barcelona, Vigo y Bilbao y un mes después tenía que suspender las operaciones alegando -hay quien cree que tuvo que ver con la baja ocupación- que el actual aeropuerto no dispone de condiciones seguras para operar. A eso se le llama correr los 100 metros lisos a la pata coja.

2008 ha sido un año en el que la falta de infraestructuras que garanticen el desarrollo ha seguido siendo un tema clave. Ninguno de los proyectos históricos, mil veces prometidos, se ha puesto en marcha. En el caso del aeropuerto, cuando el cielo de la ampliación estaba despejado, buena parte del año se ha gastado en tramitar los permisos medioambientales. La estrategia del Gobierno de meter velocidad al proyecto quedó frenada tras las elecciones.

Las administraciones no han podido gastar ni un euro de los millones presupuestados en la obra. Los vecinos del entorno siguen viviendo en sus casas a pesar de que la propia AENA decía que quería cerrar el capítulo de las expropiaciones pasado el verano. La prisa inicial haquedado en nada.

En el capítulo de los proyectos eternos, el llamado Palacio del Sur tiene un lugar de honor. Durante este año que acaba hoy, se ha constatado que, en este caso concreto, se han hecho muchos castillos en el aire. Ferrovial envió a primeros de año un mensaje al Ayuntamiento. Ningún banco le daba dinero. El gobierno municipal intentó en primera instancia inmiscuirse en la negociación hablando con los bancos. El problema es que las cifras, 170 millones de euros, eran inabarcables justo además cuando la economía financiera y real. El gobierno municipal, además, no tenía claro qué hacer.

La conclusión es bien conocida. Pagar a Ferrovial por los gastos incurridos, adquirir el proyecto y negociar con Rem Koolhaas un nuevo contrato para remodelar el centro dejando su presupuesto en 67 millones de euros, 100 millones menos que el proyecto original. Cambiar, además, el sistema de gestión de forma que todo el dinero proceda de las administraciones en estos tiempos de crisis extrema.

El Ayuntamiento jura y perjura que en 2009 habrá proyecto definitivo y se licitará la obra. El problema es el dinero. No es posible, según reconocen todos los responsables en público y en privado, poner un ladrillo sin que exista un acuerdo general para la financiación. Se necesita dinero, mucho, de la Junta y del Gobierno central. Y hasta ahora ese camino, el del compromiso con números, no se ha andado. Así no hay quien despegue.

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