El fiscal plantea rebajar la pena a la niñera boliviana, definida como inmadura y patológica

  • El Ministerio Público mantiene su consideración de homicidio doloso pero ofrece como alternativa al jurado imprudencia grave por desatender a un niño tetrapléjico que murió bajo su supervisión.

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El fiscal ha planteado este martes como alternativa al jurado rebajar su petición de condena para la joven acusada de dejar morir al niño al que cuidaba, después de que dos psicólogos aseguraran que la pérdida de las llaves de la casa la dejó en una "situación patológica" en la que fue incapaz de buscar una solución debido a su inmadurez.

Tras escuchar a estos peritos, el fiscal Arcadio Martínez modificó su anterior calificación como un delito de homicidio doloso, por el que pedía diez años de cárcel para I.C.C., y ofreció al jurado la opción de calificar los hechos como una imprudencia grave con resultado de muerte, cuya pena es de uno a cuatro años de cárcel.

En el juicio que se desarrolla ante un jurado popular, la acusación particular que ejercen los padres del niño fallecido mantuvo su calificación como homicidio voluntario, con una petición de diez años de cárcel, y la defensa pidió la absolución aunque admitió una posible condena por una imprudencia leve con las eximentes de trastorno mental y miedo insuperable.

Previamente, un psicólogo y un psiquiatra aseguraron que la procesada, entonces de 20 años, tiene una inteligencia normal-baja, pero la pérdida de las llaves de la casa donde había dejado encerrado al niño le causó un "estrechamiento del campo de la conciencia" en la que se volvió "incapaz de buscar solución a una situación tan simple".

La joven, que se había quedado en agosto de 2006 a cargo de un niño de 8 años con parálisis cerebral, se fue a una discoteca, perdió las llaves y dejó al menor solo durante 48 horas, por lo que cuando regresaron los padres lo encontraron muerto por deshidratación e inanición.

La pérdida de las llaves convirtió a la joven, de nacionalidad boliviana, en "una persona afectada por una alteración mental" y la dejó en una "situación patológica" en la que "era capaz de plantearse otras alternativas, pero en la práctica era incapaz de llevarlas a cabo", según los expertos.

Junto al miedo a acudir a la Policía por no estar legalmente en España, I.C.C. era "pasiva, dependiente, inhibida, temerosa, inmadura, de poca iniciativa y siempre esperaba que la solución viniese de instancias superiores", han afirmado.

El testimonio de estos expertos contrastó con el del padre del pequeño, quien ratificó lo dicho en la jornada anterior por la madre en el sentido de que la niñera era "muy buena para su trabajo, cariñosa y al niño se le veía a gusto con ella".

El niño tetrapléjico se quedó en Sevilla mientras sus padres viajaban a una celebración familiar en Ceuta y, según ha revelado el padre, en dos ocasiones hablaron con la niñera por teléfono móvil y no les dijo que el niño se había quedado encerrado.

En la noche del domingo 27 de agosto, cuando el pequeño llevaba ya 24 horas sin asistencia, I.C.C. dijo a los padres que pensaba llevarle a cenar a una hamburguesería, por lo que el padre le estuvo aconsejando un local que dispone de mesas en la planta baja, asequible para la silla de ruedas.

En la segunda ocasión, cuando el niño llevaba ya dos días solo, la niñera se echó a llorar por teléfono y dijo a los padres que su madre se había muerto y que en breve debería regresar a su país.

También han declarado los neurólogos que atendían al niño, quienes negaron que tuviese ataques frecuentes con gritos, como dijo la niñera, sino que se trataba de una "enfermedad controlada en la que solo presentaba dos pequeñas crisis diarias de las cientos que podía tener".

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