Una noche de coplas

  • La complicidad entre público, jurado y concursantes es uno de los ingredientes del éxito del programa de las noches del sábado en Canal Sur, que se emite en riguroso directo

Sábado. Son las 8 de la tarde y falta algo menos de dos horas para el inicio del programa. En Camas, en los estudios Caligari, se prepara la fiesta… Se llama copla. Como cada noche de sábado, la cadena andaluza, a través de Europroducciones y Caligari, se prepara para ofrecer un programa que está superando la pasión del fútbol y que le ha supuesto el reconocimiento de los Premios Ondas.

Al llegar al estudio lo primero que puede percibir el visitante son los acordes de la orquesta, las pruebas finales del repertorio, ensayado desde días atrás. En este caso un piano acompaña a la voz de Rosa López, nuestra Rosa de España, que afina el pasodoble El beso, de Ortega y Moraleda. Es el peaje que deben interpretar todos los invitados al programa, cantar una copla. Nadie mejor que Rosa, la ganadora de la primera edición de OT, para representar el espíritu de este programa.

Y en la Copla no es preciso tener un Risto Mejide que desprestigie a los concursantes, busque su propia fama y proyecte su negativismo haciendo creer que son consejos para ser "productos". En el nocturno de los sábados todo es en directo: la voz, la música. El jurado es en directo y el público lo vive en directo. La sala de espera parece entonces el camarote (o más bien camerino) de los hermanos Marx: arreglos de ropa, últimos detalles de peluquería, perfiles de maquillaje… y el entrar y salir de bailarines, concursantes, personal.

A las ocho y media empieza a llegar el jurado. Pive Amador, muy relaciones públicas, saluda y se fotografía con los presentes; Silvia Pantoja, sonriente, pasa rápido camino de maquillaje; e Hilario López-Millán, pensativo, parece estar ordenando la inmensidad de datos e informaciones que tiene en su pensamiento de cara a la gala.

A las nueve entra todo el público y la primera fila queda reservada a los familiares de los concursantes. Familiares que entregan fotos y postales para los autógrafos al resto de invitados para que los cantantes firmen durante los intermedios. Media hora antes de la hora de inicio se acerca el regidor con sus instrucciones: anima a cuidar a los concursantes, a espolearlos en los momentos claves, a respetar las decisiones del jurado… invita al público, en fin, a formar parte del programa. Quien todavía no ha salido al plató ha sido la presentadora, Eva González (¿echando un vistazo al partido del Real Madrid?), mientras los espectadores de casa ya están viendo el previo de la gala en antena. Al filo de las diez y veinte aparece radiante Eva y se dirige al público, insistiendo en que se anime y aplauda.

La música estalla de manera magistral y hacen su entrada los acicalados concursantes, Rocío Guerra, Cristina Romera, Jonás Campos, Sandra Cabrera, Miguel Ángel Palma, Nicolás García, Laura Gallego, Gloria Romero, Inmaculada García y Miriam Domínguez. Las actuaciones se van sucediendo y entre el público se encuentra el retante de la semana que buscará hacerse un sitio en la copla. Es frecuente ver a los concursantes dirigir sus miradas a los familiares y amigos durante la gala: "que si voy bien vestido, que si el peinado me sienta bien, que si he estado bien en la actuación…", todo son dudas porque no quieren verse sumidos en el temido reto final. El público busca la sintonía con cada actuación y, sobre todo, arropan a los más cercanos a cada participante. Todo se comenta y cada uno de los presentes tienen sus favoritos, conocen las mejores y las peores actuaciones de cada semana y hay grandes especialistas. La buena sintonía se rompe en ocasiones por los "malos rollitos" entre los propios concursantes, los comentarios grabados durante la semana, las alusiones al jurado, el desencanto. Es difícil comprender el tono de confrontación que en ocasiones se quiere dar al programa, con alusiones de la presentadora o los vídeos seleccionados. Pero tratándose de un programa con retazos de espectáculo de reality, el "mal rollo" aviva la atención de los espectadores.

Tras la actuación de cada concursante y la valoración del jurado, empieza la parte más dramática: el momento de cruzar la puntuación otorgada con la votación del público. Manos cogidas entre los aspirantes, ojos cerrados y tensión. Sandra obtiene la máxima puntuación del jurado, 40 puntos, las llamadas y mensajes la dan como ganadora; por otro lado, el retante, un chico llamado Álvaro Hernández, que apuntaba muy buenas maneras, elige a Rocío Guerra. Las palabras de la profesora de vocal, Sandra, se hicieron patentes en la confrontación: "la evolución de los concursantes a estas alturas dificulta la incorporación de los retantes al programa". Y así sucedió, a Álvaro le pasaron factura los nervios y falló. Rocío tuvo más temple y defendió mejor el tema. Al final, el jurado salvó a la concursante que dice que se siente perseguida por ellos.

Pasan las dos de la madrugada y se desentumecen los nervios contenidos. Una noche de gala que es el punto y seguido a un formato de éxito que bebe de rescatar un repertorio de coplas que forman parte de nuestro patrimonio, en un concurso de eliminación que tiende a ser zigzagueante con la figura del retante, evitando las tentaciones de caer en lo fácil. No se olvida que lo que de verdad importa Se llama copla.

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