Una obra que tiene su eco en el flamenco

  • María Pagés, que se inspiró en el creador para 'Utopía', recuerda su "coherencia"

Aunque la ya frágil salud del longevo Niemeyer hacía presagiar que la muerte del arquitecto estaría próxima, María Pagés no pudo evitar sentir una profunda "impresión" cuando conoció la noticia. A la figura del brasileño había acudido cuando sopesaba articular un espectáculo que reivindicara la ética más allá de la estética, y en su ejemplo halló un referente que le ayudaría. Le había hablado de su integridad Natalio Grueso, ex director del centro Niemeyer de Avilés, pero fue el deslumbramiento que le produjo el trabajo del genio que contempló en una exposición lo que terminó de convencerla. La fascinación inicial por ese movimiento, esa curva, que volvían únicos sus diseños, se multiplicó cuando conoció al autor en persona. De la admiración hacia el maestro nació Utopía, una pieza que se ha visto en varias ciudades andaluzas y en la que su creadora reflexionaba sobre el anhelo de los humanos de imaginarse a sí mismos en un futuro mejor.

Niemeyer encarnaba los conceptos que investigó la sevillana para esta obra, nociones como deseo, inconformismo y utopía. De los encuentros que tuvo con él, en marzo de 2010 y en enero de 2011, a Pagés le impresionó "su coherencia, su compromiso con la vida", recordaba ayer a este periódico en conversación telefónica desde Rabat. "Cuando lo conocí", evoca la intérprete, "tuve la impresión de estar ante algo inmortal, como si estuviese más allá de esa idea que tenemos todos de que nos vamos a morir". El compromiso de Niemeyer con su comunidad "no se tradujo sólo en palabras, sino en hechos, en un comportamiento a lo largo de toda su vida", sostiene la bailaora, que destaca del arquitecto la lucidez que mantuvo hasta el final, cuando, por disciplina pero también por amor a su oficio, "seguía yendo a su estudio todos los días".

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