El regadío pasa en un mes de recortes drásticos de agua a una dotación normal

  • La Confederación del Guadalquivir prevé una campaña parecida a la del año pasado, con 1.200 hectómetros cúbicos, tras incrementarse un 70% el volumen embalsado en la cuenca

La vida a veces es irónica. El pasado 22 de febrero, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) informó de que las dotaciones para riego quedarían reducidas a la mitad respecto a 2017 de no cambiar la situación de los embalses, en su mayor parte entonces en situación de emergencia, concretamente los del sistema de regulación general. Ello significaba 600 hectómetros cúbicos de desembalse y una asignación de 2.500 metros cúbicos por hectárea, un golpe para los regantes, que tendrían que ceñirse a cultivos con menos consumo o pasarse directamente al secano. En casos como el arroz, gran consumidor de agua, no había alternativa alguna y la sangría económica estaba casi asegurada.

Poco días después de que la CHG dibujara aquel sombrío panorama, comenzó a llover. A llover de forma continuada, algo crucial para los embalses, que se nutren de las escorrentías. Y si el 22 de febrero los pantanos estaban al 31,5% de su capacidad -25,55% en el caso del sistema de regulación general- ahora, a día 20 de marzo, se encuentran al 57,22%, un 47,89% en el caso del sistema general, que recorre todo el Guadalquivir de Jaén a Cádiz y que es el que principalmente nutre al regadío.

La situación se ha dado la vuelta de tal forma que la CHG ya anticipa que no sólo no habrá menos dotación, sino que posiblemente se repita la misma que en 2017, es decir, 1.200 hectómetros cúbicos, que es más o menos lo que se considera propia de un año hidrológico normal, con pequeñas oscilaciones hacia arriba o hacia abajo. "Con el estado actual de los embalses (muy próximo al del inicio de la campaña del año pasado) se prevé que se alcanzará la misma situación (que el año pasado) y, por tanto, el volumen autorizado será posiblemente similar (1.200 hectómetros cúbicos)", señalan fuentes de la confederación.

El pasado día 13, cuando todavía quedaban varios días de lluvia, la CHG informaba de que ya ningún sistema se encontraba en emergencia (el principal, el de regulación general, entró en este estado en noviembre) y de que la cuenca abandonaba el estado de alerta para pasar a prealerta (así estaba el año pasado cuando se decidió el desembalse), y muy cerca de la situación de normalidad. Desde el 13 de marzo los embalses se han llenado en 1.000 hectómetros cúbicos más, hasta 4.869 (ver gráfico), lo que anticipa que en el próximo informe la CHG puede decretar la normalidad, un cambio radical.

Eso ha sido posible por unas lluvias que entre el 26 de febrero y el 19 de marzo han superado odas las registradas anteriormente desde el 1 de octubre, cuando comienza el año hidrológico. Sólo en marzo han caído 218 litros por metro cuadrado en la cuenca cuando la media de este mes son 56, cuatro veces menos. El volumen embalsado ha pasado de 2.680 hectómetros cúbicos a los mencionados 4.869, un aumento de un 70%. En enero, en una entrevista con este periódico, el presidente de la Confederación, Antonio Ramón Guinea, se conformaba con que los embalses se llenaran en 1.000 hectómetros cúbicos más antes de decidirse el desembalse entre abril y mayo, al menos para salvar el año. Se quedó cortísimo.

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