Con el Eibar en Córdoba (casi) siempre llueve

  • Las últimas visitas de los armeros han coincidido con fuertes precipitaciones, que incluso obligaron a suspender un duelo

En Córdoba llueve poco. Menos de lo que a casi todos les gustaría. Menos de lo necesario. Pero cuando el Eibar, ese modesto conjunto del norte que resiste el paso de los tiempos en una categoría de gigantes, pasa cerca de los arcos de la Mezquita, algo sucede. Que cae agua del cielo. En cantidades ingentes.

Cual tótem solemne al que invocar haciendo sus danzas rituales, la presencia de los vascos es tenida en Córdoba como el mejor augurio de precipitaciones. Por eso, cuando el transcurso de esta semana ha estado marcado por la humedad en la capital, a muchos les ha venido a la cabeza la curiosa paradoja que parece venir acompañando en las últimas ocasiones que ha jugado el Eibar en la ciudad.

Pasó en la última ocasión en la que estuvo. Fue el 27 de febrero de 2005. Nada hacía presagiar el día anterior que iba a caer la que cayó. El campo se convirtió en una piscina (Mendilíbar, técnico del Eibar entonces, dijo que sobre ese terreno sólo se podría jugar al waterpolo), evidenciando su pésimo drenaje en aquellos momentos.

El asunto de la suspensión no fue baladí. El Córdoba atravesaba su mejor racha de la temporada y, además, un grupo de aficionados del Recre se habían desplazado para apoyar a su otro equipo. Fiesta aguada. Días después, empataron a cero en un aburridísimo duelo, en el que sólo destacó un jugador canario menudito llamado Silva (ahora es menudo jugador).

En la 01-02 también escanció de lo lindo. La noche anterior y el mismo día del encuentro. El Córdoba se vio superado por dos goles (Cabrejo y Jorge Sánchez) y Pepe Murcia -entonces técnico cordobesista- reconoció que "cuando hay una cuarta de agua se nota que el Córdoba es un equipo hecho para tocar el balón". La de aquel 23 de diciembre de 2001 fue, eso sí, la única derrota que ha sido capaz de infligir el cuadro eibartarra en toda su historia en El Arcángel. Porque, fiel a su imagen, los vascos no han hecho grandes proezas en Córdoba, pero tampoco han caído en enormes pecados. Tres empates, dos derrotas. Y un balance anotador paupérrimo (cinco goles a tres para los locales). Sería la lluvia, que mojó en el pasado ideas a unos y otros. O no.

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