Educación para la libertad

Rey Lear rescata 'El himno de Riego', de José Esteban, con motivo del Bicentenario de la Constitución de Cádiz.

Ignacio F. Garmendia | Actualizado 23.05.2012 - 07:34
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El autor en Cádiz, durante la presentación de la reedición de esta obra.

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El himno de Riego. José Estebán. Editorial Rey Lear. Madrid, 2012. 216 páginas. 21 euros.

No es un autor demasiado popular ni tiene a sus espaldas, pese a su larga trayectoria literaria, una amplia obra narrativa, pero José Esteban (Sigüenza, 1936) es un escritor más que valioso que ha alternado la publicación de un puñado de impecables novelas con una importante labor investigadora en torno a la narrativa social, la bohemia o la paremiología, a lo que se añade su prolongada y fecunda labor como editor, en la que se ha distinguido por su apuesta en favor del rescate de autores relegados -Felipe Trigo, César Arconada, Carranque de Ríos, Ciges Aparicio o Cansinos Assens, entre otros- por la historia oficial de la literatura. "Quizá luchar contra el olvido ha sido uno de los objetivos de mi vida. Quizá por ello, sigo todavía en la brecha", declaró hace años, y aunque Rafael del Riego no es hoy, ni mucho menos, un personaje olvidado de la Historia de España, justo es reconocer que la novela que le dedicó Esteban -su primera incursión en el género, a la que seguiría La España peregrina (1986)- ha ayudado a difundir la admirable figura del general -"el gran perdedor de nuestro perdedor siglo XIX"- y sigue siendo una de las mejores invitaciones a revisitar su legado.

Dedicada a José Bergamín, uno de los maestros de Esteban, y publicada por primera vez en 1984, dentro de la Bibliotheca del Fénice que dirigía Carlos Barral, El himno de Riego fue excelentemente acogida por la crítica, conoció varias reediciones -la penúltima de ellas en Rey Lear, 2008- y ha vuelto de nuevo a las librerías el año en que se conmemora el bicentenario de la Constitución de 1812, la misma que el bravo militar asturiano obligó a jurar a Fernando VII, aquel nefasto monarca que cortó de raíz las aspiraciones de los liberales y retrotrajo a la nación a los peores tiempos del absolutismo. Cuando Esteban publicó la primera edición de la novela, el género histórico no era, como lo es desde hace años, uno de los más frecuentados por los narradores actuales, pero más de un cuarto de siglo después, El himno de Riego sigue siendo un título de referencia -del mismo modo que su citada segunda novela, estrechamente vinculada con esta, donde el autor presta su voz a Blanco White y al general Torrijos- a la hora de trazar un mapa de la novela histórica española de las últimas décadas.

Gran conocedor de la obra de Galdós, a la que ha dedicado varias monografías, Esteban inscribe su relato en la estela del narrador canario, aunque El himno de Riego se vuelca en la función testimonial y reduce a lo mínimo el elemento propiamente novelesco. Esteban sitúa el comienzo de su relato cuando Riego, apresado y condenado a muerte, espera su próxima ejecución en la madrileña Plaza de la Cebada. El general evoca entonces, en primera persona, sus agitadas andanzas desde la proclamación de la Constitución de 1812 en Las Cabezas de San Juan (1820) hasta la nueva invasión francesa de los Cien Mil Hijos de San Luis (1823): la famosa marcha de la columna, las tensiones con el rey felón -magnífico retrato del Deseado- y los integrantes de una corte que se sometió a los principios constitucionales por mera conveniencia, o las disensiones con otros liberales como Mendizábal y Alcalá Galiano, que desconfiaban de él por considerarlo un hombre tosco y demasiado impulsivo. Muchas fuentes coinciden en que Riego no tenía gran talento para la política y pecaba, a juicio de algunos contemporáneos, de idealista, pero no caben dudas sobre la nobleza de su propósito.

Cuenta Esteban que cuando, abrumado por la información reunida, se mostraba inseguro sobre el modo de darle forma, García Márquez le aconsejó: "Pepe, olvida todo lo que sabes y escribe la novela", pero él no se decidió a seguir su consejo. El himno de Riego es por ello una novela exhaustivamente documentada y con las licencias justas, que fía su eficacia a procedimientos narrativos pero contiene además una profunda carga política, lejos de la asepsia en que se mueven quienes se limitan a tomar prestados de la Historia los personajes y los argumentos. El mismo Esteban afirma que se propuso escribir "un tratado de educación para la libertad de los españoles". Por esta razón, al margen de la conmemoración que ha propiciado la última reedición de la novela, El himno de Riego es una obra de permanente actualidad, que invita a reflexionar acerca de lo que sucedió entonces pero también sobre el destino malogrado de las posteriores experiencias republicanas, durante las cuales, aunque nunca fue adoptado oficialmente después del trienio liberal, sonó de nuevo el himno -"Serenos y alegres, / valientes y osados…"- que en todo tiempo ha acompañado, entre los españoles, los deseos de liberación y el desdén de la tiranía.
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