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Que no se cierren las curvas

  • El Sevilla, tras las culpas asumidas públicamente en la Junta, precisa iniciar el despegue ya para no enterrarse. La mejor noticia para Míchel es recuperar a Rakitic, Negredo, Fazio y Spahic.

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El Sevilla ya va con urgencias. No ha llegado todavía la época de los turrones y va ya a contrarreloj, pero lo peor es que parece haberse acostumbrado a ello.

Pasado el momento de asumir públicamente responsabilidades en la Junta General de Accionistas, algunos de los máximos responsables de la pésima marcha deportiva esperan ahora que la otra parte, la de los profesionales que pisan césped a diario, también lo hagan y se apliquen. Y eso va por los jugadores y por el entrenador. Porque unos días por unos y otros por otro, el caso es el que al Sevilla se le van pasando los partidos y ve alejarse cada vez más los puestos en los que tiene que estar. Eso se llama ir ya con el agua al cuello, y cuando diciembre no ha hecho más que empezar, no debe resultar nada beneficioso para la tranquilidad de una plantilla que, además, es bastante joven y algo dispersa en casos puntuales.

El Sevilla visita al Espanyol por segunda vez en apenas quince días. El precedente no puede ser más positivo, un 0-3 en la vuelta de los dieciseisavos de final de la Copa del Rey, pero se trataba de un partido engañoso, con un rival roto, sin entrenador, con una renta desfavorable y obligado a centrarse en la Liga, en la que es colista. Se demostró ante el Valladolid que aquello no había que tomarlo al pie de la letra. Había que tomarlo en serio, porque la verdad es que la imagen que los de Míchel estaban dando fuera de casa era desastrosa, pero había que hacerlo con reservas.

Hoy ya no es lo mismo. El Espanyol, ya con Javier Aguirre, va a ir a morder porque necesita un trozo de carne con que calmar su ansiedad y en el que basar el principio de una necesaria remontada. Con el mexicano ya ha sumado un punto en Granada y la afición local espera al equipo conjurada para arroparlo en su primer triunfo.

Como Aguirre además sabe cómo preparar un partido incómodo para el Sevilla porque ya lo ha hecho en innumerables ocasiones como técnico de otros rivales, precisamente a los blancos lo que peor les podía venir hoy es un choque trabado, intenso, duro y de fútbol subterráneo. El ejercicio de concentración que tendrá que hacer la tropa de Míchel requiere tener los pies bien asentados en la tierra y la cabeza fría. Habrá que ver lo que sucede porque no son virtudes con las que se ha manejado precisamente el Sevilla esta temporada, en la que fuera de casa en la mayoría de las ocasiones se podría haber ahorrado el viaje.

Míchel tendrá que hacerlo además saboreando al mismo tiempo miel y vinagre con respecto a la gestión de sus efectivos. Le endulza el paladar el volver a poder contar con futbolistas importantes -importantísimos, habría que decir- como Negredo, Rakitic, Fazio y Spahic y se le debe avinagrar todo cuando recuerda que ha de inventarse una medular al perder a sus dos hombres de contención, Maduro y Medel, por lesión y sanción, respectivamente. La esperanza es Kondogbia, ese jugador zanquilargo que en el robo recuerda mucho a Antonio Álvarez y que, sin demostrar estar aún cuajado del todo para la competición española, ha empujado al equipo hacia arriba en los dos o tres ratos que Míchel le ha dado jugando en varias posiciones, hasta de central. El riesgo es que tácticamente no garantiza nada. La medida de los tiempos es todavía su asignatura pendiente y habrá que ver si el entrenador se decide por esa opción.

Mucho más segura es la garantía futbolística que ofrece Rakitic. El 1-2 ante el Valladolid reforzó más la teoría de que el suizo-croata no puede faltar en este equipo porque es el único que tiene fútbol y pegamento. El Sevilla debe aprovechar su magnífico estado de forma para coger altura de una vez. No hay tiempo que esperar porque la intranquilidad y las dudas se pueden convertir en algo más grave y la afición ya tiene la mosca detrás de la oreja.

Míchel, aunque lo niegue, empieza a jugársela, porque no se conoce ningún entrenador en el mundo que no dependa de los resultados por mucho que su trabajo de pasillo e interacción con el club sea elogiado por los altos dirigentes en foros más o menos adecuados -pero públicos al fin y al cabo- como una Junta de Accionistas. De momento, su primer golpe de timón ha sido darle lo que quitó a Diego López para otorgárselo, en su día, a quien ahora se lo arrebata. El tiempo le va a dar o le va a quitar la razón, aunque todo eso será lo de menos si el Sevilla no empieza a ganar.

El día elegido, un viernes, no es desde luego muy estimulante, pero el equipo nervionense no está para muchas exigencias. Ni el equipo, ni Míchel, quien, si bien tiene el respaldo sincero del club, empieza a perder crédito peligrosamente entre la afición. Aunque en realidad, todos: el club, el presidente, el que ficha, los jugadores... lo perderán si el Sevilla no recupera posiciones, pero ya. Porque la competición avanza y se pueden ir cerrando más las curvas.

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