Huelva

Un estudio relaciona el riesgo de cáncer con las cenas tardías

  • Los casos de mama y próstata bajan un 20% si se come antes o se esperan dos horas antes de dormir

Un laboratorio de la Facultad de Ciencias Experimentales. Un laboratorio de la Facultad de Ciencias Experimentales.

Un laboratorio de la Facultad de Ciencias Experimentales. / alberto domínguez

Cenar a una hora temprana o dejar un intervalo de tiempo de al menos dos horas antes de irse a dormir se asocia -en ambos casos- a un menor riesgo de sufrir los dos tipos de cáncer más comunes: mama y próstata, según un estudio multicéntrico español liderado por investigadores del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal) en el que también participan investigadores de la Universidad de Huelva (UHU).

Según el trabajo que publica la prestigiosa revista International Journal of Cancer, quienes cenan antes de las 21:00 o esperan al menos dos horas antes de acostarse tienen cerca de un 20 % menos de riesgo de padecer cáncer de mama o próstata, que las personas que consumen la comida nocturna después de las 22:00 o las que se acuestan inmediatamente después de cenar, respectivamente.

"Un patrón alimentario más diurno y asociado específicamente a una cena temprana y un intervalo prolongado entre la última comida y el sueño se asociaron con un menor riesgo de cáncer de mama y próstata, enfatizando la importancia de evaluar los ritmos circadianos en los estudios sobre dieta y cáncer y de revisar las recomendaciones para la prevención", subraya el trabajo realizado a partir de datos de 621 casos de cáncer de próstata y 1.205 de mama y de 872 hombres y 1.321 mujeres seleccionados al azar en centros de salud primaria de diferentes puntos de España, entre ellos Huelva, entre 2008 y 2013.

De la población de estudio se excluyeron las personas que hubiesen trabajado en turno de noche por su interferencia con el ritmo circadiano -reloj biológico-, que es la principal mecanística para explicar los resultados del trabajo.

En sus conclusiones, los autores analizaron las entrevistas que contaban con información de todos los factores de riesgo conocidos para cáncer de mama o de próstata. También se evaluaron la duración del sueño y su calidad durante al menos un año. "Los hábitos alimenticios se informaron a través de un cuestionario de frecuencia alimentaria validado y autoadministrado que incluía 140 alimentos", aclara el artículo. Para Juan Alguacil, vicerrector de Investigación y Transferencia de la UHU y coordinador del estudio en Huelva, "se trata del primer estudio en humanos que muestra que la adherencia a un patrón de alimentación más diurna y específicamente un intervalo prolongado entre la última comida y el sueño, se asocia con un menor riesgo de cáncer. La hipótesis que probamos está respaldada por evidencia experimental en animales de laboratorio y enfatiza la importancia de tener en cuenta información sobre los ritmos circadianos en estudios sobre dieta y cáncer".

"Las implicaciones de estos hallazgos se refieren tanto al campo de la investigación como al de la salud pública. Hasta ahora, la investigación sobre nutrición y cáncer en humanos se ha centrado en la cantidad, el tipo de alimentos y también en los patrones de la dieta, pero no en el momento del día de su consumo.

Uno de los objetivos del estudio fue evaluar si los horarios de comidas y de sueño pueden estar relacionados con el riesgo de padecer estos dos tipos de cáncer, que son los que más se relacionan con el trabajo nocturno y la disrupción circadiana. Para los expertos, estos resultados subrayan la importancia de tener en cuenta ese ritmo circadiano en los estudios sobre dieta y cáncer. En el caso de confirmarse estos resultados, tendrán implicaciones en las recomendaciones sobre la prevención del cáncer, que actualmente no tienen en cuenta los horarios de las comidas. "Esto tendría especial repercusión en culturas como las del sur de Europa, donde la cena suele ser tardía".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios