feria de san Isidro | decimoctava en la plaza de las ventas

Talavante y López Simón abren su quinta Puerta Grande en Madrid

  • El pacense desoreja al tercero y el madrileño consigue un trofeo de cada uno de sus toros

  • Juan Bautista, de vacío

  • Buena corrida de Cuvillo, remendada con un sobrero de Mayalde

Alejandro Talavante, en un precioso natural al segundo toro de Núñez del Cuvillo, al que desorejó. Alejandro Talavante, en un precioso natural al segundo toro de Núñez del Cuvillo, al que desorejó.

Alejandro Talavante, en un precioso natural al segundo toro de Núñez del Cuvillo, al que desorejó. / efe

Alejandro Talavante, que desorejó a su primer toro, y Alberto López Simón, que consiguió un trofeo de cada toro de su lote, salieron a hombros por la Puerta Grande de Las Ventas -ambos por quinta vez en sus carreras-, con Juan Bautista de vacío, en una corrida de Núñez del Cuvillo, en conjunto de buen juego y en una tarde con rayos, truenos y envuelta en un diluvio que desde el cuarto toro convirtió el ruedo en una piscina.

Alejandro Talavante es el único torero que ha desorejado en esta feria a un mismo toro. El pacense fue recibido con una ovación enorme por aceptar la sustitución de Paco Ureña y él hizo honor a la misma brindando una faena cumbre. El toro, Cacareo, negro, cuesta arriba, sin emplearse a fondo en el caballo, embistió con transmisión en la muleta del diestro pacense que realizó una faena bien estructurada, con ligazón y muletazos ceñidísimos que enloqueció al público. Los tres primeros muletazos por bajo fueron de categoría y mando. Con la diestra bordó pases templados hilvanados con un cambio de mano espectacular en dos series con ritmo. Con la izquierda se cruzó al pitón contrario y los naturales fueron ceñidísimos. Con el toro a menos, hubo otro racimo de naturales sueltos y largos. Y el cierre por bajo supuso otra descarga de buen toreo. Mató de estocada para ser premiado con las dos orejas.

Con el quinto, colorao, bien armado, que se entregó en el caballo y se movió bien tras las telas sin perder las manos pese al barrizal, Talavante, tras dos series diestras, logró algunos naturales formidables. Se prevía premio, pero el diestro falló con la espada y todo quedó en una ovación.

López Simón, tras el largo bache que ha atravesado, renació ayer. El tercero fue devuelto tras flojear. El sobrero, de Conde de Mayalde, un cinqueño de 600 kilos, era un tranvía que tuvo como virtud la repetición en sus acometidas. El madrileño realizó una faena muy extensa que fue a más y en la que brilló sobremanera en una serie diestra tras un cambio por la espalda. A partir de ahí llegó la épica porque el toro le cogió y cayó encima. El torero se levantó con la cara ensangrentada, mareado y tras reponerse continuó toreando con la diestra con una vergüenza torera encomiable. Para colmo, tras un pinchazo fue cogido nuevamente al enterrar la espada. La voltereta fue espeluznante. El público solicitó una oreja que fue concedida y ganó meritoriamente.

López Simón sufrió un susto en los lances de recibo al sexto, un jabonero sucio que embistió con franqueza, lo que aprovechó el de Barajas para una faena intensa que comenzó con preciosos doblones. Con la derecha, con mando, bajó la mano con muletazos largos. Con la zurda también logró naturales despaciosos. Mató de estocada y fue premiado con una oreja.

Juan Bautista, con el que abrió plaza, colorao, atacado de kilos -620-, pero nobilísimo, concretó una faena superficial y mató de estocada para ser silenciado.

Con el cuarto, un castaño que dio buen juego, Juan Bautista realizó una faena con temple, a media altura, con muletazos suaves por ambos pitones y remates bellos. Una faena merecedora de premio que malogró en la suerte suprema al pinchar en la suerte de recibir. Fue ovacionado.

En definitiva, gran tarde de toros, con un Talavante y un López Simón que sumaron, respectivamente, su quinta Puerta Grande.

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