Las Ventas | Quinta corrida de la feria de San Isidro Pablo Aguado torea al ralentí

  • El sevillano, que impresiona en Las Ventas con un toreo cadencioso, malogra su obra por el fallo con la espada

  • Ginés Marín corta una oreja y Luis David da una vuelta al ruedo

  • Corrida dispar de Montalvo

El diestro sevillano Pablo Aguado, en un remate al sexto toro. El diestro sevillano Pablo Aguado, en un remate al sexto toro.

El diestro sevillano Pablo Aguado, en un remate al sexto toro.

El gran triunfo de Pablo Aguado en Sevilla despertó la expectación de los aficionados madrileños que ayer casi llenaron la Monumental de Las Ventas. El público esperó al sevillano con una actitud muy lejos, afortunadamente, de aquellos ochenta –pregunten a Ojeda o Espartaco– con exigencias que volvían locos a los toreros. Ayer se esperó a Aguado y desde el principio al final se le trató con respeto y hasta, en el sexto, con un silencio que jamás he percibido en esta plaza. La tarde comenzó de manera excelente, pero se partió cuando Aguado fue cogido, en dos ocasiones, por el tercero bis. De nuevo, el espectáculo remontó en el sexto, cuando se asomaba la noche por la calle Alcalá y un torero vestido de marfil y oro, Pablo Aguado, toreaba con la franela al ralentí, poniendo al público en pie.

Ese sexto, de buenas hechuras, no dio opciones a Aguado en el capote. Toro sin poder, pero con clase. El sevillano, en una faena breve, con series cortas, volvió a decirnos que el toreo es cadencia y caricia. Cuanto más lentos y suaves eran sus muletazos, más potentes y fuertes eran los olés. Con los tres primeros pases de tanteo iniciales al ralentí ya puso al personal en pie. Fue con la diestra, con la que volvió a regalar otros muletazos con la misma suavidad. Con la izquierda transcurrió todo por ese río de temple y naturalidad que es su toreo. Un cambio por delante o un par de pases de pecho soberanos aderezaron la obra. Nadie pedía más, salvo acierto con la espada, lo que lamentablemente no sucedió. Estocada que hizo guardia y dos pinchazos. Aguado se sentó como derrotado, pero el público le tributó una de esas ovaciones que le dicen al torero que lo firmado con la muleta ha sido excepcional, único.

El tercer toro fue devuelto por su flojedad. Saltó en su lugar un sobrero de Algarra, colorado, corniabierto, que quiso saltar al callejón en su salida. Cumplió en varas. Aguado, cuando abrochaba el saludo capotero, fue cogido. Se quejó del porrazo recibido en la rodilla derecha. Se sobrepuso y en la muleta, fue cogido otra vez por un astado bronco que soltaba la cara y que le infirió un puntazo en el glúteo derecho. No tuvo opción al lucimiento y mató mal. Pasó a la enfermería donde le apreciaron también un esguince.

Ginés Marín cortó una merecida oreja al toro que abrió plaza, un colorao, ofensivo, de noble condición ante el que se entregó con frescura. El pacense lo recibió con buenas verónicas. Con la franela, molestado por el viento, brilló especialmente con la izquierda y con preciosos ayudados. Con la diestra también logró otra buena serie. Cerró con comprometidas bernadinas, pese a que el toro no quería nada por arriba. Mató de estocada.

Con el cuarto, protestado desde su salida por su flojedad, Ginés Marín porfió en vano en una labor muy extensa y sin frutos en medio de un vendaval.

Luis David estuvo bien ante el segundo, cornidelantero, un ejemplar noble al que trató con temple. Toreó bien a la verónica y en un quite por lopecinas como réplica a otro por verónicas de Pablo Aguado. El hidrocálido comenzó su faena en los medios, de rodillas, toreando con la diestra. Pese al viento logró naturales de buen trazo, incluidos algunos sueltos con el toro a menos. Mató de estocada arriba en la suerte de recibir, que por si misma era para premio, que denegó el presidente.

Como quinto salió un mamut, colorao, ojo de perdiz, que acometió con nobleza. Luis David pegó pases por ambos pitones en una faena mecánica que no caló.

El festejo quedó marcado por ese toreo al ralentí de Pablo Aguado con el que puso a cavilar al público de Las Ventas, donde volverá y cerrará el ciclo de San Isidro el 16 de junio en la Corrida de la Prensa.

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