Bilbao | Octavo festejo de las Corridas Generales Frescura y entrega de Juan Leal

  • El diestro francés corta dos orejas –con petición de una tercera–

  • Finito de Córdoba y José Garrido se marchan de vacío

  • Corrida de Fuente Ymbro, de juego desigual y con el denominador común de la movilidad

Juan Leal, en el comienzo de faena de rodillas ante el quinto toro, al que cortó una oreja. Juan Leal, en el comienzo de faena de rodillas ante el quinto toro, al que cortó una oreja.

Juan Leal, en el comienzo de faena de rodillas ante el quinto toro, al que cortó una oreja. / Javier Zorrilla / Efe

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Después del gran triunfo de Paco Ureña en el día anterior, el octavo festejo se vivió con resaca y menos público asistente en un ciclo en el que no ha funcionado bien la taquilla.

En la corrida de Fuente Ymbro, bien presentada y de juego desigual, con el denominador común de la movilidad, resultó triunfador Juan Leal con el mejor lote gracias a su frescura, entrega, valor y una espada contundente.

El diestro francés se esforzó en un trasteo en tres actos con un segundo toro bien armado, cuesta arriba y encastado. Comenzó de manera explosiva, en los medios, alternando un par de pases por la espalda, en la parte central logró un par de series con buenos naturales y tras un circular invertido acabó en cercanías. Se tiró a matar de verdad para una estocada casi entera y ganar un trofeo.

Leal se las vio en segundo lugar con un cinqueño, de encornadura acodada, con clase, aunque no humillaba. El diestro realizó una faena variada, que brindó al torero Pepe Teruel, en el callejón. Una buena obra con gancho para el público, con momentos explosivos, como el comienzo de rodillas, llevando embebido al animal con la diestra. De nuevo, con la zurda firmó los mejores muletazos. Y dentro de esos registros diferentes intercaló un fallero en una tanda y se marcó alguna arrucina y capeína. En el epílogo, unos circulares calaron mucho en el tendido y acabó con unas apretadas bernadinas. De nuevo se tiró a matar o morir, casi a topacarnero y propinó un espadazo formidable del que rodó pronto el toro sin puntilla. Aunque el público solicitó con intensidad las dos orejas, el presidente, que fue abroncado, únicamente concedió una.

Juan Serrano Finito de Córdoba pasó en blanco. Voluntarioso, porfió en un trasteo en el que logró algunos muletazos estimables ante el castaño que abrió plaza, bien armado, bajo y reservón al que mató de estocada caída.

Con el cuarto, bajo, de buena condición pero sin poder alguno, el trasteo de Finito careció de relevancia.

José Garrido cumplió ante el tercero, cornidelantero, alto, encastadísimo y escarbador. Faena de mucho mérito en la que logró una notable serie diestra con ligazón. El toro, al sentirse dominado, se defendió a oleadas sin que el torero arrojase la toalla. Mató de acertada estocada.

Con facilidad anduvo Garrido ante el que cerró plaza, un toro serio, alto, al que le costaba humillar. El pacense comenzó su faena toreando de rodillas con ayudados. En su labor hubo pases sueltos con calidad por ambos pitones, pero faltó la ligazón y eso hizo que apenas tuviera eco en el público.

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