Sanfermines | Quinta corrida de la Feria del Toro de Pamplona

Chacón, con actitud, a hombros

  • El gaditano corta dos orejas y se erige en el triunfador del festejo

  • Luis Bolívar, de vacío

  • Juan del Álamo, un trofeo

  • Corrida de Cebada, muy astifina y con nobleza

El diestro gaditano Octavio Chacón, en su salida a hombros de Pamplona. El diestro gaditano Octavio Chacón, en su salida a hombros de Pamplona.

El diestro gaditano Octavio Chacón, en su salida a hombros de Pamplona. / Rodrígo Jiménez / Efe

No siempre el tío más grande es quien da más miedo; ni el toro de mayor volumen quien asusta más al torero. Ayer, los de Cebada Gago, sin exceso de kilos, coronaban sus cabezas con bisturíes como cornamentas ¡Daban miedo!, pero... afortunadamente la corrida derrochó nobleza en distintos grados; destacando el cuarto, con calidad, y el tercero.

Los tres diestros –Octavio Chacón, que resultó el triunfador, Luis Bolívar y Juan del Álamo–, dispuestos, abusaron del toreo de rodillas para llegar con facilidad al público bullanguero de las peñas, situados en los tendidos de sol. 

Octavio Chacón, con una actitud irreprochable, fue a por todas y manejó con gran solvencia la espada. Al castaño y bragado primero, noble, falto entrega, lo recibió con una larga cambiada de rodillas, cerrando el recibo con una media verónica de la misma guisa. Con la muleta, tras un comienzo de hinojos, en el cierre de una tanda, en un desplante de rodillas, fue alcanzado por el toro con el pitón derecho, sin que le infiriese una cornada casi cantada. Cerró con unos estatuarios y el acierto con el acero al primer envite le puso en bandeja la concesión de una oreja.

Con el cuarto, un cárdeno bien hecho, el de mayor calidad del encierro, que humillaba tras las telas, Chacón, que lanceó hasta los medios hacia atrás, vio como el toro se lastimaba la mano derecha en banderillas. Aún así, renqueando y con suma nobleza, el gran ejemplar de Cebada Gago embistió tras la tela encarnada de un Chacón que logró muletazos templados; si bien faltaba emoción por la lesión del astado. La gran estocada que recetó fue decisiva para cobrar otra oreja, que sirvió de pasaporte para la salida a hombros.

Luis Bolívar concretó una actuación voluntariosa ante un lote potable. Con el colorao segundo, manejable, al que le faltó brío y más recorrido, logró los mejores pasajes con la diestra. Cerró con manoletinas y se tiró a matar con fe, siendo prendido y saliendo con la banda izquierda de la taleguilla rajada. Falló con el verduguillo reiteradamente y eso enfrío al público.

Con el serio y noble quinto, que fue a menos, realizó una labor entonada que comenzó de rodillas y estuvo centrada en la mano derecha.

Juan del Álamo, con pundonor, consiguió un trofeo del castaño tercero, un ejemplar bajo y muy ofensivo y de buena condición al que recibió con una larga cambiada de rodillas junto a tablas. Basó su faena en la diestra, que cerró de hinojos, matando de estocada.

Con el corniabierto sexto, cuesta arriba, bajo, deslucido, Del Álamo también inició el trasteo, que resultó entonado, de rodillas. En esta ocasión precisó de dos descabellos tras la estocada y fue silenciada su labor.

La imagen de Octavio Chacón atravesando la Puerta Grande de Pamplona fue el broche de oro para un torero veterano, que no ha perdido la fe y que continúa su ascenso de manera prometedora;aunque en esta ocasión la actuación quedara muy lejos de la pureza de su tauromaquia.

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