• Hagamos nosotros desde lo local dumping de belleza cordobesa, algo que ya tenemos

20 aniversario | Puntos de vista

Veinte años, años veinte

Puerta del Puente en enero de 2013, año de su gran restauración. Puerta del Puente en enero de 2013, año de su gran restauración.

Puerta del Puente en enero de 2013, año de su gran restauración.

Barrionuevo

Dice Mateo 22:14 que muchos son los llamados y pocos los elegidos, y aquí estamos atados de pies y manos, entre el llanto y el crujir de dientes, celebrando veinte años de matrimonio entre Córdoba y su Día. Echar la vista veinte años atrás en lo que a la ciudad se refiere puede ser un bello ejercicio narrativo, o un tedio para el plumilla que conoce la intrahistoria con sus sombras y sus malasombras; echar la vista veinte años adelante se me antoja tenebroso con el punto de partida que las condiciones objetivas actuales nos ofrecen. Y ¿cuáles son las condiciones objetivas? En lo político, un liberalismo que no es libre, un socialismo que no es social, un comunismo que no es común, un centro situado en un extremo y una derecha como Dios manda.

En lo social, la clase alta no tiene clase y la clase obrera no tiene obras; los servicios sociales no sirven y las obras sociales lo son a beneficio de inventario societario mercantil. En lo económico, empresarios sin empresa, trabajadores sin trabajo; la economía emergida sin oxígeno para respirar y la sumergida sin capacidad pulmonar para aguantar bajo la superficie; el sector público entregado a manos privadas, y el sector privado mamando de lo público o llorando para mamar. Con estas condiciones objetivas a veinte años vista, me vienen a la imaginación futuros no deseables como la capitalidad de la República Islámica del Sahara Septentrional, la periferia del protectorado británico del Casino de Gibraltar o la retaguardia del frente de la Guerra entre el Reino Panafricano de Marruecos y el IV Reich Alemán.

El lector más ortodoxo podrá decirme que, desde la perspectiva del materialismo histórico, a mi descripción le falta el análisis de lo cultural, y tiene toda la razón. En lo cultural tenemos un par de ventajas, a saber: una, que en la mayoría de los aspectos el nivel es tan bajo que a poco que se haga algo todo es ganancia, y dos, la belleza, mejor –permítanme– la Belleza con mayúsculas, que en eso somos potencia mundial. Ya que en estas páginas tan especiales estamos celebrando veinte años de letra impresa en rotativa, y se sugiere con acierto que alcemos la vista hacia adelante, vamos a hacerlo recatadamente en lo temporal –un quinquenio apenas–, en lo espacial –Córdoba a secas– y con el desaforado optimismo que producen un par de medios de Moriles y una de chicos en la Magdalena a finales del próximo abril, con la fe de que no quepa un alfiler, que no sea en loor, que sea en olor de multitudes.

Vaya pues, para quien corresponda, el alambre de un plan quinquenal para el futuro inmediato de Córdoba: vamos a competir en serio con Holanda, con Irlanda, con Madrid, claro que sí; vamos a plantear eso que en ciencia se denomina proyecto rival y que a partir del estado del arte en una cuestión concreta usa la competencia entre varios equipos para acelerar los avances, como ahora en las vacunas. ¿En qué nos ganan los rivales? ¿Cómo consiguen atraer empresas y talento? ¿Es una cuestión de escala? ¿De conectividad?

De todo hay, pero una razón manda: el dumping fiscal les permite atraer grandes corporaciones que pagan altos salarios que, a través de sus tributos, pero sobre todo de su consumo, generan la prosperidad deseada. Hagamos nosotros desde lo local dumping de belleza cordobesa, algo que ya tenemos, y coadyúvese con medidas dentro de las competencias municipales. ¿Puede reducirse la burocracia con un sistema de declaraciones responsables para las licencias de apertura? Puédese ¿Cesiones de suelo en un esquema de colaboración público privada? Hagámoslo. Tenemos sol ¿Puede generar el municipio su propia energía y añadir al dumping de belleza un rayito de sol? Hay inversores deseando generar redes de prosumidores de energía con el alumbrado público y las empresas como trama primaria. ¿Puede el ahorro en gasto energético permitir la bajada de tasas? Claro que sí.

Fuera complejos: procesos de privatización y de municipalización, es decir de transferencia de lo público a lo privado y viceversa fluyendo de manera natural para alcanzar los objetivos; estructuras más livianas fuera de los servicios esenciales; creación de equipos ad hoc para proyectos de ciclo corto. Toda la ciudad enfocada en envolver la incontestable belleza de Córdoba con las mínimas facilidades para que no valga la pena la triste bruma del norte. En veinte años, todos calvos: vivamos intensamente los locos años veinte.

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