Orientación amorosa

Poliamor: cuando en San Valentín toca regalar a varios

  • Aunque el término es nuevo y ha sido favorecido por la visibilidad LGTB, la práctica es antigua a juzgar por las veces que ha sido reflejada en el cine y en la literatura

Nuevos modelos de relación interpersonal. Nuevos modelos de relación interpersonal.

Nuevos modelos de relación interpersonal. / Rossell (Granada)

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Poliamor es un neologismo de raíces muy antiguas. La palabra está compuesta por un término griego ‘poli’, muchos, y de la palabra latina 'amor'. Según el Diccionario del sexo y el erotismo de Félix Rodríguez González, se define como "una relación afectiva, sexual e íntima establecida entre tres o más personas con el conocimiento y consentimiento de todos los implicados".

Aunque el término sea nuevo, la práctica no lo es tanto, prueba de ello es la cantidad de veces que ha quedado reflejado en el cine. Woody Allen, tan atento a todo lo que tenga que ver con las relaciones personales, lo abordaba en Vicky Cristina Barcelona, pero el mismísimo Oliver Stone, en principio más preocupado por cuestiones políticas, plasmaba una idílica relación poliamorosa en Salvajes. Y en el cine español también hay numerosos ejemplos, como Dieta Mediterránea o Kiki, el amor se hace.

Fotograma de 'Vicky Cristina Barcelona'. Fotograma de 'Vicky Cristina Barcelona'.

Fotograma de 'Vicky Cristina Barcelona'. / G. H. (Granada)

Por tanto, los ingredientes esenciales en las relaciones poliamorosas son 'más de uno' y 'amor', pero también 'consentimiento'. Además, el término no se aplica a las meras relaciones sexuales sin compromiso, orgías anónimas, monogamia seriada u otras definiciones populares de intercambio de pareja (swinging, en inglés).

Por tanto, no se trata de un canto al “cuantos más seamos mejor lo pasaremos”. El poliamor implica un cuidado mutuo. Sólo así se logra ese otro modelo de relación que lo separa radicalmente de aquellos viejos modelos que se resumían en la expresión despectiva “cornudo consentido” o “cornuda consentida”.

El sexo no es necesariamente un interés primario en las relaciones poliamorosas, que normalmente buscan la construcción de relaciones a largo plazo con más de una persona basados en acuerdos mutuos. Maribel Casado, que trabaja como sexóloga en el Centro Juvenil de Orientación para la Salud de la UGR, explica que el planteamiento es radicalmente diferente al de esas relaciones. “Aquí no hay cuernos ni infidelidades”, insiste.  Pero reconoce que “no es fácil llegar al poliamor porque hay que quitarse muchas losas”. La sexóloga explica que el proceso para llegar a declararse una persona poliamorosa implica superar todos los tópicos que conlleva el amor romántico, como posesión, dependencia, celos...

Para Casado, que ha organizado un taller sobre la materia se impartió el año pasado en primavera en la Facultad de Ciencias de la Educación, el ideal de relación creado por los románticos sólo impera desde el siglo XIX. En esa época se popularizó la idea del amor pasional focalizado en una única persona y para toda la vida, pero antes la realidad era  diferente y las uniones se basaban en criterios mucho más prácticos como la conservación del patrimonio familiar.

“Otros modelos ya han sido cuestionados previamente. Ahora la sociedad ha evolucionado y a lo mejor hay otras formas de relacionarse que tienen que ver con el amor romántico”, comenta Casado, para quien la visualización del movimiento LGTB ha ayudado a visualizar también estas otras formas de relaciones amorosas.

Pero para declararse abiertamente poliamoroso no sólo hay que estar preparado para superar prejuicios propios, también los externos. “Cuando una persona se sitúa en el poliamor genera rechazo porque eso implica poner en tela de juicio el modelo imperante”, señala la sexóloga, que presta su servicio a la UGR a través de la ONG Liga Española de Educación y Cultura Popular (LEECP).

Por tanto, el poliamor implica que todos los vértices de este triángulo amoroso -o cuadrado o pentágono o hexágono...- que están implicados en estas relaciones se vinculen entre sí desde la libertad y con pleno consentimiento de causa. "Es fundamental que no haya ningún tipo de engaño", resume la terapeuta.  

Por tanto, poliamor no es ni infidelidad ni poligamia, una práctica que acepta plenamente los modelos establecidos sino que los cuestiona. Pero si resulta más o menos fácil definir en negativo el término, aplicarlo en positivo es tan complejo como la casuística de relaciones a las que define, unas con nombre y muchas sin él. 

En primer lugar, el poliamor pretende ser incluyente y dar cabida a todas las orientaciones sexuales: heterosexuales, homosexuales, bisexuales, etc, algo que no se da en la poligamia.

"El poliamor se trata de un término incluyente que trata de dar cabida a todas las orientaciones sexuales: heterosexuales, homosexuales, bisexuales..."

En ese sentido, los poliamorosos se consideran algo así como evolucionamos respecto al resto de la sociedad monógama o infiel y tienen muy a gala no ocultar información. Nada del tipo, de acuerdos “no cuentes mientras no te pregunten”. Por eso, la mayoría de los poliamorosos definen la fidelidad como la honestidad con sus amores de forma que se cumplan los compromisos establecidos con cada uno de ellos. 

Con ese aire de cierta superioridad moral que caracteriza a nuevos movimientos sociales, los poliamorosos consideran que las relaciones monógamas muy frecuentemente están basadas en la aceptación irreflexiva de mandatos sociales y religiosos irracionales y nocivos. Por todo ello, muchos poliamorosos consideran que el poliamor es una forma superior de la capacidad humana de amar, describiendo el poliamor como más evolucionada que la monogamia.

A pesar de la pátina de superación del pasado, aquellos abiertos al concepto pueden embarcarse en una relación poliamorosa siendo solteros o estando ya en una relación de pareja monógama, incluso sacralizada por matrimonio tradicional.

En ese caso, en esos “matrimonios abiertos” se establecen lo que la sexóloga de la UGR denomina relaciones jerárquicas: los poliamorosos distinguen entre relación una relación primaria y una secundaria.

Pero el poliamor también puede darse un matrimonio grupal, o círculo matrimonial ya que se considera que todos los miembros están igualmente asociados unos entre otros. El término fue popularizado por algunos novelistas como Robert Heinlein, aunque lo usó en novelas de ciencia ficción como Forastero en tierra extraña.

Salvajes, de Oliver Stone, es un ejemplo idílico de poliamor. Salvajes, de Oliver Stone, es un ejemplo idílico de poliamor.

Salvajes, de Oliver Stone, es un ejemplo idílico de poliamor. / G. H. (Granada)

Pero a veces no todos los integrantes de una pareja son poliamorosos.  Si sólo es uno, se habla de relaciones mono-poliamorosas. Y también hay arreglos geométricos, un término que describe a un número de personas involucradas y sus relaciones de conexión. En este caso el vértice, llamado 'pivote', corresponde al individuo que tiene dos conexiones.

Y, a pesar del esfuerzo sólo mental que hay que hacer para visualizar esos nuevos modelos de redes amorosos interpersonales, el poliamor no sólo gana adeptos sino que visibiliza cada vez más a sus nuevos fieles. Por ejemplo, hay un triángulo amoroso en Facebook de personas que antes eran anónimas pero pronto pasaron a contar con miles de seguidores: Angélica, Paulinha y Klinger saltaron a la fama hace años por hacer gala a través de las redes sociales de su matrimonio de tres. En un principio Klinger y Paulinha eran pareja. Entones conocieron por internet a Angélica y empezaron una nueva forma de vida. 

Pero las redes sociales no sólo sirven para publicar el poliamor, también para encontrarlo: ya hay grupos específicos de Facebook creados por ciudades y, aunque Granada todavía no cuenta con el suyo, Poliamor Andalucía posee 412 miembros.

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