Prendimiento

El resplandor maduro de la verja salesiana

  • Miles de jóvenes esperan durante horas la salida del Prendimiento

Hay hueco y, además, el suficiente para que Estefanía Ramos y sus amigos cuenten que llevan desde las 15:30 sentadas en la verja del Santuario de María Auxiliadora para ver salir el Prendimiento. Hay incluso hueco para una vez que se abra la verja se pueda acceder hasta el primer peldaño de la entrada el templo. Ver para creer y dar fe de ello. Y allí está Rafi Flores, acompañada por su hijo, esperando desde las 15:00 pacientemente. Rafi no falta ningún año a esta cita del Martes Santo, ni tampoco a su privilegiado sitio que no duda en compartir. "Vengo todos los años", confiesa, al tiempo que reconoce que tiene el corazón dividido por el Rescatado y la hermandad de La Paz y Esperanza.

El fiscal de horas llega puntual. Tres llamadas sonoras y Rafi, que se convierte en una peculiar narradora, asegura "todo esto es bonito". Las puertas del templo se abren y aparece la cruz de guía que porta un nazareno descalzo. Una brisa ligera y fría levanta las capas azules de los penitentes y dos costaleros se abren paso entre este pasillo cofrade blanco y azul.

Por fin aparece Nuestro Padre Jesús, Divino Salvador en su Prendimiento y a Rafi se le caen las primeras lágrimas de la tarde. Judas, por el contrario, baja la vista y sostiene con fuerza la bolsa que contiene las 30 monedas de plata por las que traicionó a Jesús. Su mirada le delata, pero el cortejo continúa, con el revuelo de las esclavinas salesianas. "Despacio, despacio, cuidado con las capas", recomienda un servidor de la cofradía. El viento se arremolina en el atrio del santuario. Fuerza contra pasión. Aire contra fe. Los costaleros ganan su primera batalla. Judas, sigue mirando al suelo.

Ahora es el turno de la Virgen de la Piedad. Unas madres arreglan la capa a un grupo de esclavinas y esconde un imperdible para no se mueva demasiado. Rafi, tampoco pierde de talle.

Los vecinos del número 7 de la calle María Auxiliadora esperan su momento. El instante más adecuado para lanzar miles y miles de pétalos hacia la titular mariana de los Salesianos. Rafi, de manera evidente, sigue emocionada. Ahora, es el momento adecuado. No hay otro. Los pétalos comienzan a caer sobre el palio. Uno tras otro. La hermandad salesiana está en la calle y la bulla lo celebra sin sobresaltos. Tal y como merece, desde la madurez que dan los años.

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