Semana Santa

El contrapunto del silencio

  • El Nazareno, la imagen más venerada en Pozoblanco, vuelve a pasear sus siglos de historia

POZOBLANCO pone cada Martes Santo el contrapunto silencioso y austero a la algarabía con que se vive este día en el resto de la provincia. La puerta de la pequeña capilla de Nuestro Padre Jesús Nazareno se abrió al anochecer con un golpe sordo y el crujir de la madera vieja. Tras ella, aparecieron ya formados y encapuchados los más de 300 hermanos que, un año más, iban a cumplir con una de las tradiciones centenarias de la ciudad y de toda la comarca: acompañar a Nuestro Padre Jesús Nazareno, la imagen más venerada y antigua de la Semana Santa pozoalbense, en su estación de penitencia.

La cofradía del Nazareno data de 1605, tiene casi mil hermanos y la talla -del primer tercio del siglo XVIII y de autor anónimo- fue la única de la Semana Santa pozoalbense que sobrevivió a la Guerra Civil. Antes de la partida y como ya es costumbre, los mayores, reunidos ante la imagen en la capilla del Hospital homónimo, le expresaron sus sentimientos en forma de oración espontánea y sincera. Ese mismo sentimiento se pudo asimismo palpar entre los fieles que observaban el paso del llamado Señor de Pozoblanco por las calles. En su recorrido, el avance del Cristo, lento y sobrio, se asomó a la plaza del Pozo Viejo, para perderse luego entre los barrios que vinieron un día a suceder en dinamismo a esa plaza, corazón antiguo del municipio.

Apenas media hora antes, la Virgen de los Dolores había partido desde la parroquia de Santa Catalina entre la luz de sus cofrades, mujeres, ataviadas con el hábito tradicional de falda y gasa negra, cordón blanco anudado, escapulario y rostro descubierto. La hermandad, fundada en 1945, recupera la cofradía de nazarenas después de tres años. La imagen de la Dolorosa, de autor desconocido, avanzó entre una de las noches más señaladas del calendario cofrade de Los Pedroches, ésa en la que el Nazareno ilumina con su mirada y su lento andar la noche vallesana.

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