Miércoles Santo

Y Baena despierta al toque del tambor

  • Baena ha despertado este miércoles al toque del tambor. Es un rezo anárquico, ruidoso, feliz. La única tradición de la Semana Santa andaluza reconocida como Patrimonio Mundial. Así suena.

Baena despierta el Miércoles Santo al toque del tambor

Y Baena despierta de madrugada. Despierta sin haber dormido ni descansado. Son las cuatro de la mañana del Miércoles Santo y ya son muchos los judíos que deambulan nerviosos por sus viviendas, aún con la luz encendida, en un trajín sin igual de cascos, plumeros y pañuelos.

Hoy es el día grande de los judíos de Baena, miles de coliblancos y colinegros inundan las calles de este municipio de la comarca del Guadajoz. Y este año, además, lo hacen con más orgullo si cabe, con el honor y la enorme responsabilidad de albergar en su ser el haber sido reconocido su tambor como Patrimonio Mundial por parte de la Unesco. La única Semana Santa del conjunto de Andalucía que luce esta etiqueta.

El tambor: sonoro instrumento que hace palpitar a Baena en su interior con su característico “que tan, que tan plan, que tan plan plan plan”. Sonoro instrumento que evoca la particular manera de rezar del judío envuelto en un sinfín de tradiciones, estatutos y protocolos que otorgan mayor complejidad y rectitud a este sin embargo anárquico cofrade.

En esta mañana no hay diferencia de colas, negras y blancas pasean por las calles recónditas del casco histórico del municipio. En raras ocasiones solos, la mayoría en grandes pandillas, los judíos disfrutan de esta jornada de una forma especial cumpliendo con la tradición de echar las cajas.

Alberga una excepcional belleza este día en el que las calles se copan de chaquetas rojas y plumeros de infinitos colores mecidos por el viento. Los dorados fondos de los tambores y de los cascos de coracero se hacen luz con los primeros rayos de sol y el contraste de coliblancos y colinegros unidos muestran una estampa que difícilmente volverá a repetirse a lo largo de la Semana Santa.

Echar las cajas es la libertad de los judíos de poder tocar el tambor desde las cinco de la madrugada del Miércoles Santo. Echar las cajas es convivencia, color, sonido y hermandad. Este es día de reencuentros, de comidas y de echar esa típica copilla, de disfrutar con los amigos y familiares que regresan, de conversar y sobre todo, de tocar y tocar.

Coliblancos y colinegros, a los pies del Castillo de la Almedina. Coliblancos y colinegros, a los pies del Castillo de la Almedina.

Coliblancos y colinegros, a los pies del Castillo de la Almedina. / S. Núñez

Pero también es un día que evoca sentimientos y recuerdos. Día de meditación y de echar en falta a aquellos que no están y que en muchos casos ya no volverán haciendo que cada Miércoles Santo nunca vuelva a ser igual. A lo largo de toda la mañana también hay tiempo para el recogimiento y la verdadera amistad. Es alegría, es dolor, es sentimiento y libertad.

La algarabía de colas, de plumeros y tambores desaparece sin embargo al caer la tarde. Todo comienza con la salida del sol y termina con su puesta. Los judíos se desplazan a la Puerta de Córdoba y a la altura de la conocida como Cruz de Jaspe se integrarán en la procesión de El Huerto. A las siete de la tarde y, desde entonces, los tambores judíos no cesarán de tocar.

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