La Expiración

Último aliento en Capitulares

  • La Expiración encandila al gentío que se agolpa a su salida de San Pablo

Dos nazarenos bajan por la calle Alfonso XIII casi una hora antes de que la hermandad de la Expiración inicie su estación de penitencia, mientras que los costaleros se forman en Capitulares. Una estampa curiosa en la puerta del Ayuntamiento, sin duda. A esa hora apenas hay movimiento en el entorno de la iglesia de San Pablo. Sin embargo, en una hora todo cambia. Poco a poco, el gentío se va acoplando en los alrededores de Capitulares.

Apenas un cuarto de hora antes de que la cruz de guía de la Expiración asome tras la verja de San Pablo y varios costaleros preparen las rampas de acceso, la madre de Alberto, un chaval de siete años, reconoce su cansancio y dice que "ya no puedo más, hemos visto dos cofradías y estoy cansada". Pero Alberto, desde su inocencia, quiere ver esta tarde la Expiración. Al igual que las cientos de familias que esperan, al igual que los turistas y la gente que espera. La cruz de guía ya casi toca la carrera oficial y Alberto anuncia que el Cristo expirando en la cruz, acompañado por María Santísima del Silencio, ya pisa la calle Capitulares, que enmudece al contemplarlo.

La primera levantá es tranquila, sin artificios, sin grandes aplausos. Los músicos de Ars sacra entonan ahora una melodía triste. Los costaleros lo suben poco a poco, y paso a paso giran el misterio: la última expiración de Cristo, su última mirada al cielo pidiendo clemencia. Y a los pies, sin mirar, María, su madre, cabizbaja, doliente, también con ojos perdidos por su inminente muerte.

Tras el paso, dos costaleros tardíos intentan hacerse paso entre la bulla tranquila de San Pablo. El silencio, que sólo logra romper un helicóptero, inunda Capitulares. Las miradas ahora se rompen y ya no están fijas en la iglesia. Pero en un segundo vuelven a la verja y a lo lejos se puede contemplar ya las primeras velas del palio. De nuevo, una petición de silencio. Es el momento de Nuestra Señora del Rosario en sus Misterios Dolorosos Coronada, hasta que llega al arco de San Pablo y se detiene. Antes de llegar a Capitulares y pedir respeto y también silencio.

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