Salud

¿Qué es el virus del Nilo?

El mosquito, principal transmisor del virus del Nilo. El mosquito, principal transmisor del virus del Nilo.

El mosquito, principal transmisor del virus del Nilo.

En 1999, un brote epidémico se propagó por todo el territorio continental de los Estados Unidos, empezando en Nueva York. Una epidemia que duró hasta 2010 y que puso de manifiesto que la importación de microbios patógenos de hábitat distintos del propio eran una realidad a la vez que un grave peligro para el mundo. El Virus del Nilo Occidental, originario de África y que afectaba a animales, se identificó por primera vez en personas en esa epidemia, y desde entonces está circulando por todo el mundo. Por lo general suele ser un virus poco agresivo, que únicamente se transmite a humanos a través de la picadura de mosquitos, pero en ocasiones puede producir alteraciones severas en el Sistema Nervioso Central (SNC) y enfermedades de gravedad como la meningoencefalitis.

La infección del ser humano, según aclara la Organización Mundial de la Salud (OMS) en su web divulgativa, encuentra su origen en las picaduras de mosquitos, que a su vez se infectan cuando pican a aves infectadas, que son las portadoras del virus. Éste pasa a las glándulas salivales del mosquito, que cuando pica puede inyectar el virus a los seres humanos y a los animales. No se ha confirmado ningún caso de transmisión de persona a persona por el contacto social ordinario, pero sí algunos de contagio por transfusiones sanguíneas, trasplantes de órganos, lactancia natural y solo un caso de transmisión de madres a fetos a través de la placenta. Se trata de un arbovirus cuyo pico de máxima incidencia es en agosto y principios de septiembre, cuando el calor ya remite y los mosquitos comienzan a desaparecer. Por supuesto, no todos los mosquitos transmiten el virus.

Los síntomas

La mayoría de las personas infectadas por el virus del Nilo Occidental (entre el 70 y el 80%, según los datos de la CDC norteamericana) no presentan síntomas. Uno de cada 5 infectados presentan fiebre junto con otros síntomas como dolor de cabeza, dolor en el cuerpo, dolor en las articulaciones, vómitos, diarrea o sarpullido, que pasan a los pocos días, aunque la sensación de cansancio y fatiga puede prolongarse por semanas. Sin embargo, algo menos del 1 % de las personas infectadas pueden presentar alguna enfermedad neurológica grave como la encefalitis o meningitis (inflamación del cerebro o tejidos que lo rodean). Esta complicación puede ocurrir en personas de cualquier edad, pero son los mayores de 50 años quienes corren el mayor riesgo de enfermarse gravemente, al igual que personas con ciertas afecciones como el cáncer, la diabetes, la hipertensión o enfermedad renal (también quienes han recibido un trasplante de órganos). La enfermedad causada por el Virus del Nilo Occidental puede ser mortal para el 10% de estos afectados neurológicamente.

Prevención

Pese al tiempo que lleva entre nosotros, no hay una vacuna (sí en el caso de los caballos) ni tratamientos antivirales específicos para la infección del virus, de modo que la única manera de reducir la frecuencia de la infección en los seres humanos es mediante la concienciación acerca de los factores de riesgo y la educación de la gente con respecto a las medidas que pueden adoptar para reducir la exposición al virus. Según la OMS, las medidas para prevenir la transmisión deben centrarse inicialmente en la protección personal y comunitaria contra las picaduras de mosquitos (mosquiteras, repelentes de insectos, uso de ropa de color claro y a ser posible que cubran todo el cuerpo, y evitar las actividades al aire libre en las horas en que los mosquitos pican más, a la caída de la tarde y hasta la noche, habitualmente.

Una prevención eficaz de las infecciones humanas por el virus del Nilo Occidental depende también del desarrollo de programas de vigilancia y control de los mosquitos en las zonas donde se asienta el virus, mediante el reconocimiento de las especies locales de mosquitos que intervienen en la transmisión. La reducción de las fuentes, la gestión de los recursos hídricos, la aplicación de productos químicos o el uso de métodos biológicos para acabar con los mosquitos son, asegura la OMS, igualmente esenciales.

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