ASISTENCIA A ENFERMOS MENTALES

Y el loco enfiló Larios

  • El ex guardia civil con un trastorno paranoide que atropelló a ocho personas en la calle principal de Málaga reabre el debate sobre el control a los enfermos mentales potencialmente peligrosos

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Hay un sobrecogedor documento en la memoria que el Defensor del Pueblo Andaluz realizó en el año 97 sobre la asistencia a los enfermos mentales. Sucedió en Jaén. “Hubo una temporada en que nuestro hijo estaba especialmente enfermo, hasta el punto que él mismo nos pedía que lo ingresaran. De esta forma, el 14 de noviembre de 1995 solicitamos su ingreso en la Unidad de Agudos. Se nos denegó. Cuatro días después fuimos a casa de mi hija, su hermana melliza, y estuvimos jugando con mi nieta de 18 meses y, sin darnos cuenta, él la cogió en brazos y la arrojó por el balcón al vacío desde siete pisos de altura. Nuestra nieta murió en el acto. Ahora nuestro hijo sigue preguntándonos por su sobrina. Él la adoraba. Pregunta por ella como si no hubiera pasado nada”. Diez años después Antonio B.M., ex guardia civil, estaba en plena crisis. Había tenido problemas en el bar donde paraba habitualmente. Notaba que el camarero le miraba mal, se sentía perseguido. Había un complot. Hasta que la mañana del domingo 30 de agosto pensó en suicidarse. Cogió el todoterreno de su hermana. Se mataría a lo grande. Pero mientras conducía a la altura de la calle Larios cambió de opinión. Entró en la calle peatonal y empezó a atropellar a toda persona que se encontrara a su paso, si bien tuvo cuidado de sortear un hombre en silla de ruedas. Estos dos casos separados por trece años tienen en común la locura en sus más variados apellidos y también tienen en común que eran previsibles y podían haberse evitado. La familia del causante de los atropellos no se sorprendió realmente de lo sucedido. Que cometiera una locura era cuestión de tiempo. La abogada de Antonio, Regina Gómez, ha explicado que “ante el empeoramiento de su estado mental la familia había solicitado una cita en el centro de especialidades de Cártama, que había sido fijada para este mes de septiembre, pero llega tarde, ya que su situación había escapado ya al control de sus familiares”.

Aunque todo el mundo asocia la locura con la esquizofrenia, el DSM IV, manual de internacional de psicología, tiene catalogadas más de mil enfermedades mentales diferentes. Partiendo de ello, considerar que todo enfermo mental es un potencial peligro público es, además de una falacia, una estupidez. Aun así, el alcalde de Málaga, Francisco de la Torre, tras el suceso de la calle Larios, reflexionó en voz alta y consideró que habría que abrir un debate sobre cuál es el control sobre los enfermos mentales potencialmente peligrosos y qué asistencia reciben.

En el caso de Málaga nos encontramos ante un trastorno paranoide. El psiquiatra sevillano Andrés María López Pardo analiza aquí “un cuadro que permite al enfermo desenvolverse con cierta autonomía”. Según él, “no es el caso de aquel que dice soy Napoleón porque lo digo yo. Aquí construyen un armazón delirante con cierta lógica que tiene que ver con sus vivencias. Por ello, lo que hay que trabajar es la conciencia de enfermedad con el paciente, ya que posiblemente hasta un punto límite él niegue su locura”. Esto haría entender que el caso de Antonio B. M. no fuera detectado por el sistema. De hecho, según López Pardo, Málaga se encuentra a la vanguardia de asistencia de enfermos mentales en Andalucía con numerosos dispositivos para dar respuesta a estas patologías. Aunque ha seguido el caso de cerca y ha tenido contacto con los profesionales cercanos al causante del hecho, reconoce que “posiblemente es gratuito pronunciarse al respecto”. Según el psiquiatra sevillano, por desgracia estos acontecimientos suelen afectar a más personas, más allá de las directamente implicadas, de sus familias, de los vecinos y vecinas, de los turistas, de los testigos en los que todavía estarán presentes sentimientos como la rabia y la confusión. “Lo que es seguro es que hay un evidente riesgo de la generalización, esto es, si una persona con una posible enfermedad mental es capaz de esa brutalidad, todos los que padecen esa situación son potencialmente capaces de lo mismo”, comenta. Esta equivocada visión encuentra su caldo de cultivo en el estigma que padecen las personas con enfermedad mental y sus familias. Así las creencias erróneas de que las personas con enfermedad mental son violentas e impredecibles se verían reforzadas y justificarían el rechazo y la necesidad del encierro manicomial a cualquier persona con este problema. Es como si se optase por suprimir la circulación porque existen jóvenes que conducen a más de 200 kms/h, intoxicados y sin carnet. Este psiquiatra aporta un dato clave:“La inmensa mayoría de estas personas no cometen nunca actos violentos. Es menos de un 5% de los que se cometen y suelen ser más víctimas que perpetradores de actos agresivos”.

Carlos Alemany, presidente de Faisem, una fundación nacida al amparo de la reforma psiquiátrica para coordinar el aspecto sanitario y social del enfermo mental, se rebela con la simple pregunta que relaciona el hecho con la enfermedad. “Es posible que el sistema no sea capaz de dar todas las respuestas a todas las áreas, pero un hecho como el de la calle Larios sólo cabe catalogarlo, con toda su gravedad, como un incidente, no es ni mucho menos la generalidad. No podemos tener control sobre cada persona igual que no podemos evitar que cuando alguien se quiere suicidar más tarde o temprano lo haga”.

Luis Salvador Carulla es psiquiatra y cuenta con un observatorio que cuantifica y analiza los recursos. Recientemente ha culminado con su equipo el atlas de la salud en Andalucía con un importante destacado a la salud mental. Para Luis Salvador, la atención a la salud mental ha mejorado notablemente en los últimos tres años gracias al esfuerzo inversor. Ha sido un segundo impulso a la reforma psiquiátrica iniciada a principios de los 80, pero se ha hecho sobre parámetros tradicionales. “Hay un nuevo grupo de enfermos con trastrornos de personalidad graves, hasta el punto que se detectan cada vez más casos de lo que llamamos trastornos de personalidad límite. Es casi una epidemia. Son estos casos donde se producen hechos que alarman a la sociedad, no en el enfermo mental que podríamos llamar común. Ahí sí existe una carencia porque no hay unos servicios específicos”, según Salvador. No tiene demasiadas dudas este psiquiatra sobre las causas de esta nueva epidemia: “Tenemos el peor sistema educativo de Europa y casos que podrían resolverse en sus inicios se van enquistando. A esto hay que añadir el elevado nivel de consumo de sustancias peligrosas, con la cocaína a la cabeza, entre la población joven, que es un factor de riesgo para la aparición de estas patologías”. En cualquier caso, lamenta que los medios de comunicación asocien sucesos a la enfermedad. “Un titular sobre un hombre que despedaza a una familia en Lugo seguirá siendo así mientras no sea un esquizofrénico el que lo comete porque entonces el titular será ‘Un esquizofrénico despedaza una familia en Lugo’, cuando no necesariamente la enfermedad haya tenido que ser el principal factor del suceso. La salud mental está mal vista e incluso salpica a los profesionales. Nadie echa cuenta de la profesión de un genocida a no ser que sea psiquiatra, entonces ya será el psiquiatra Karadzic...”

Los familiares sufren las consecuencias. La estimación porcentual es que el 80% de los enfermos mentales españoles vive en casa con sus familias ante la dificultad de esta población de acceder al mercado laboral y a una independencia que sería en muchos casos posible y deseable. Cuidadores a tiempo completo, desquiciados en los casos extremos al comprobar que un ser querido se puede revolver contra ellos porque para él no son ellos, sino sus enemigos. La vida del familiar de un enfermo mental gira en torno a él. Silvia Monje es portavoz de la Asociación de Familiares de Enfermos Mentales (Afemen) de la provincia de Cádiz. En lo primero que incide es en su tristeza de que sea de nuevo un suceso lo que ponga en primera línea la salud mental “cuando hay multitud de casos de violencia de género donde no se señala si el que lo comete es un diabético o un enfermo del riñón”. Coincide en que los recursos están mejorando notablemente, pero que las carencias siguen ahí, carencias de recursos: “Hacen falta más profesionales en los diferentes servicios existentes para poder atender a toda la población que tiene una enfermedad mental y, sobre todo, mucha concienciación. Por poner un ejemplo, pese a que el cuidado al enfermo mental está dentro de la Ley de Asistencia, en ninguna campaña se menciona la salud mental”.

Y los enfermos también se asocian. Quizá menos, pero se avanza. El significativo nombre de su federación lo dice todo: Red Europea de Usuarios y Supervivientes de la Psiquiatría. Precisamente en Málaga existe una de las pioneras de Andalucía, Al Faralá. Este grupo de enfermos realiza talleres, viajes, vende sus productos en mercadillos y hasta ha experimentado con un programa de radio. Es el vivo ejemplo de que el destino de un enfermo mental no es el confinamiento y que la integración es posible. Josefina es una de las coordinadoras de la asociación y explica que precisamente el día en el que Antonio B. M. cometió sus atropellos, los enfermos de Al Faralá paseaban por la calle Larios. Escucharon los gritos, el miedo. El pánico en un enfermo mental es otra clase de pánico. Cualquier alteración del entorno es una sacudida de su cosmos. El suceso ha sido decenas de veces comentado por los miembros de Al Faralá y saben la causa: la medicación. Su condena y su salvación. La química. “Se tiene una idea equivocada de la enfermedad en sí. Casi todos los enfermos son conscientes de lo que padecen, como por ejemplo un enfermo de diabetes que sabe que necesita su medicación diaria. Si se niega la enfermedad, es cuando se pueden producir problemas”, explica Josefina.

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