• Juan Bautista Escribano protagoniza un pregón muy emotivo que, en esta ocasión, ha sido una despedida en lugar de una bienvenida

Pozoblanco

La devoción a la Virgen de Luna a través de la mirada de un niño, un vecino y una madre

Juan Bautista Escribano, en un momento del pregón en Pozoblanco. Juan Bautista Escribano, en un momento del pregón en Pozoblanco.

Juan Bautista Escribano, en un momento del pregón en Pozoblanco.

Sánchez Ruiz

La suspensión de la romería de la Virgen de Luna en el mes de febrero obligó a retrasar el pregón a la madre en Pozoblanco a través de las vivencias de Juan Bautista Escribano, quien sí pudo dedicarle sus emotivas palabras en la noche de este sábado, una semana antes de que la Virgen de Luna vuelva a su santuario en La Jara. “Un pregonero sin pregón que reconoce que cualquier día es el mejor para contar sus historias y vivencias en torno a la Virgen de Luna”, reconoció Escribano en un escenario que revivía la aparición de la imagen en pleno encinar.

Presentado por su sobrino, Francisco Escribano, quien lo reconoció como un hombre entregado a su profesión de enseñar e implicado en actividades deportivas, culturales y con ganas de seguir aportando a través de su blog, Juan Bautista Escribano desglosó su pregón a través de tres ejes fundamentales, las vivencias alrededor de la devoción a la Virgen de Luna a través de la mirada inocente de un niño, como vecino de la madre en su santuario y a través del amor, el respeto y esperanza de una madre.

El 34º pregonero de la Virgen de Luna relato como vivía de niño la romería, cómo escuchaba cada año en boca de su abuela la leyenda de la aparición de la Virgen de Luna, cómo el toque del tambor le hacía correr por las calles junto a la chiquillería para vivir ese anuncio de la llegada de la madre, para pedir que esa inocencia y esas emociones limpias de la infancia se sigan sintiendo en cada pozoalbense, “más allá de lo que cada uno profese”.

Como vecino de la Virgen de Luna en el mar de encinas, Juan Bautista recordó aquellas romerías multitudinarias, aquellas bajo el manto de la nieve o la lluvia, como las puertas de su casa se abrían a Pozoblanco para vivir plenamente y en comunión esa fiesta comunitaria por la madre de todos. Pero, sin duda, la emoción, el respeto y la esperanza a través de los ojos de una madre fueron sus recuerdos más emotivos, quien forjó lo que de maestro hay en él, le enseñó a perdonar, a vivir en la esperanza y en la bondad. A las madres dedicó el poema cantado Madre del poeta pozoalbense Hilario Ángel Calero, convertido en sevillanas en la voz de la cantaora Pili Acaiñas.

El alcalde de Pozoblanco, Santiago Cabello, aplaude al pregonero. El alcalde de Pozoblanco, Santiago Cabello, aplaude al pregonero.

El alcalde de Pozoblanco, Santiago Cabello, aplaude al pregonero. / Sánchez Ruiz

El camino de ida y de vuelta, el camino de todos y de cada uno, esa metáfora de la vida en la que absorto en sus propios pensamientos decide hacerlo acompañado de quien él ha elegido en su vida para vivirla, disfrutarla, lucharla y sentirla. De la mano de su compañera de vida, su esposa, Juan Bautista Escribano, destacó como un punto importante del camino de cada romero el arroyo Hondo, como punto de partida, de reencuentro, pero fundamentalmente de esperanza.

Y, precisamente, a este mítico lugar que simboliza la esperanza para Pozoblanco y su Virgen de Luna dedicó el fandango Llévame al arroyo Hondo, que con letra propia puso en la voz de Pili Acaiñas y en las guitarras de José Luis Ballesteros y Juan Ruiz, los toques musicales del pregón. Dedicó este fandango a todas las personas dependientes, mayores y niños que reciben a la Virgen de Luna a su entrada a Pozoblanco.

Quiso cerrar el pregón con una plegaria a la madre de todos, para que aliente a las personas que luchan contra el covid, les dé amparo a los que han sufrido pérdidas personales, por los jóvenes para que trabajen y sientan su pueblo, para que se cuide y repueble el encinar, para que se transmita a los niños la leyenda viva de la Virgen de Luna, para que la música y la tradición vayan de la mano. Y en este punto final, Juan Bautista Escribano se permitió soñar y desear un coro de coros de todos los grupos y voces locales de Pozoblanco recibiendo a la madre con su himno en el arroyo Hondo. Mientras esto sucede, quiso cantar el himno, de forma virtual, junto al abrazo y con las voces de toda su familia.

El pregón, que en esta ocasión no fue de bienvenida, sino de despedida a la Virgen de Luna, inicia los actos de adiós de Pozoblanco a su madre, con las puertas abiertas de Santa Catalina durante todas las jornadas que restan hasta el Domingo de Pentecostés, cuando vuelva a su santuario en La Jara para tomar camino hasta Villanueva de Córdoba.

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