Campiña Sur

La llamada del Papa a un vecino de Montilla

  • El hombre entregó una carta al prefecto de la Congregación para el Clero en la apertura del Año jubilar de San Juan de Ávila para el Pontífice

El Papa Francisco el Viernes Santo en la basílica de San Pedro El Papa Francisco el Viernes Santo en la basílica de San Pedro

El Papa Francisco el Viernes Santo en la basílica de San Pedro / Efe

Ocurrió el pasado lunes, en plena celebración de la Pascua. Eran las 16:45 cuando una llamada de teléfono avivó la tranquila sobremesa de una familia de Montilla. Al otro lado de la línea, el mismo Papa Francisco. Fueron momentos de nerviosismo, de incredulidad y de mucho entusiasmo. De inquietud, estupefacción y, sobre todo, unos minutos cuajados de esperanza.

De lo que el pontífice transmitió poco ha transcendido por expreso deseo de los afortunados, aunque el Obispado desveló ayer que la historia arranca el pasado 6 de abril, cuando el cardenal Beniamino Stella, prefecto de la Congregación para el Clero, participó en la apertura del Año Jubilar de San Juan de Ávila.

En aquel acto, en la basílica homónima, un montillano de 47 años saludó a Stella y el entregó una carta dirigida al pontífice. Le explicaba su voluntad de llegar a conocerlo y relataba cómo es su vida cristiana. A pesar de tener una parálisis cerebral, sus limitaciones no le impiden ser conocido en su entorno como un hombre entusiasta y comprometido con la Iglesia católica.

La respuesta de Francisco se ha hecho esperar poco y el pasado lunes, a las 16:45, telefoneó a Montilla. Al escuchar la voz del Papa, la mujer corrió hacia su hijo y activó la función de manos libres del teléfono. Él, que no puede hablar, sí pudo celebrar con gestos la llamada, ya que espera el momento de “poder ser abrazado por el Papa”, según sus familiares.

El Papa Francisco le transmitió vía telefónica que rezaba por él y su familia, mientras pidió a madre e hijo que también rezaran por su pontificado. Durante la conversación, la mujer pudo hablarle al Papa de la relación que une a la familia con la madre Adriana, de las Hermanas Carmelitas de Lucena, a las que llegó a telefonear hace algunos años. Para ellas, el Pontífice tuvo recuerdos.

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