Valle del Guadiato | Los Pedroches

Los Judas del coronavirus

  • Municipios como Espiel o Alcaracejos diseñan muñecos relacionados en esta ocasión con la crisis del covid-19

Una familia con el Judas que han creado en Alcaracejos. Una familia con el Judas que han creado en Alcaracejos.

Una familia con el Judas que han creado en Alcaracejos. / Sánchez Ruiz.

En el municipio de Espiel, el Domingo de Resurrección amanece con disparos de trabucos matando a los Judas, unos muñecos de paja y ropa vieja que cuelgan de las encaladas casas, para celebrar el triunfo del bien sobre el mal. A pesar de la situación excepcional de este año, los vecinos de este municipio han querido mantener esta tradición, así como los de municipios de la comarca también norteña de Los Pedroches, en esta último caso, de Alcaracejos. Eso sí, los Judas este año han hecho referencia al enemigo confinador del coronavirus, con ropajes o diseños que tienen que ver con la crisis del covid-19.

Ni siquiera el cronista oficial del pueblo sabe datar el origen de esta celebración a caballo entre lo profano y lo pagano, pues, aunque la religiosidad de la tradición en sí no es muy evidente, el momento culmen, cuando se mata a los Judas con escopetas de munición, antiguamente con trabucos como los de los bandoleros, va precedido de una solemne misa a las 7 de la mañana.

Y es que la tradición manda que la noche de antes del Domingo de Resurrección familias y amigos fabriquen, con harapos viejos que cosen o atan y llenan de paja, muñecos que inicialmente podrían representar al Judas Iscariote bíblico, pero que desde los años 80 reproducen personajes populares.

Así, las familias pasaron la noche cosiendo ropas viejas y rellenando de paja o hierba los Judas, que esta mañana, cuando empezaba a amanecer, han colgado en guitas de casa en casa.

Cada año, justo al acabar la misa de las siete de la mañana, una decena de hombres con escopetas de pólvora daban los pistoletazos de salida a la procesión, tras la que ha comenzado el recorrido para matar a los Judas a plomillo limpio por las empinadas calles de casas bajas. Así recorrían las calles del pueblo de donde colgaban los muñecos y dejaban una alfombra de paja, hierba y serrín.

Y, para finalizar la jornada, las mujeres del bar de la plaza del pueblo preparaban unos deliciosos churros con chocolate, un buen reconstituyente con el olor a pólvora y a serrín aún estaba en el ambiente. Todo esto no se ha podido llevar a cabo este año a causa de las medidas de confinamiento impuestas por la pandemia del covid-19, pero todos están esperanzados y deseosos que llegué el próximo año para que se pueda volver a celebrar.

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