Tribuna

Salvador Gutiérrez Solís

@gutisolis

No tanta sinceridad

No tanta sinceridad No tanta sinceridad

No tanta sinceridad

Qué es la sinceridad? ¿Buscamos la definición en el diccionario, o nos conformamos con el conocimiento que ya tenemos? ¿Lo tenemos claro? ¿Siempre hay que ser sinceros, siempre? No hablo de mentir, eso nunca, faltaría más. Espero que nadie malinterprete mis palabras, y por eso lo voy a dejar claro desde el primer momento. Soy un gran defensor de la sinceridad, cuando equivale a transparencia, honestidad, luz, verdad, certeza. Claridad, saber lo que tenemos entre manos. Cuando es la antítesis de la mentira, incluso de la hipocresía mal intencionada. Siempre con la camiseta de la sinceridad, cuando es un ejercicio de verdad. Pero absolutamente en contra, justo en el lado opuesto, de todos aquellos que se abrazan a la bandera de la sinceridad para pasar por la vida como elefante por cacharrería, sin importarle lo más mínimo el momento, la situación o a quien tienen delante. Entonces, no parto peras, jamás en mi equipo, a esos los prefiero a mil kilómetros, muy lejos. Lo siento, no soporto al autoproclamado sincero que confunde la sinceridad con otras cosas. Con la mala educación, tan frecuentes los casos, con la escasa habilidad social, no son pocos, me temo, o con los que no practican aquello de "escoger el momento" -¿nunca les entregaron a sus padres unas notas plagadas de suspensos?-. Desconfío, temo y abomino del que se presenta diciendo: yo es que soy muy sincero y tengo que decir lo que pienso. O, que no se moleste nadie, es que yo soy muy sincero y siempre digo lo que pienso. Hay más variantes de esta autoproclamación de la sinceridad, pero no creo que sea necesario recuperarlas todas, que ya sabemos de lo que hablamos. Sí, son esos, sabemos de lo que hablamos, y son temibles.

Yo no sé ustedes, pero cuando alguien me advierte de esto tiendo a replegarme, pasito para atrás, y palabras medidas, por temor a padecer un ataque de sinceridad en grado superlativo. Todos los días no estoy para un ataque de sinceridad, lo reconozco. Como me tampoco me interesa tanta sinceridad, sobre todo cuando tiene el sonido de un rebuzno y el tacto de una coz. Porque para estos cruzados de la sinceridad no existen los colores intermedios, o blanco o negro, o conmigo, o contra mí. O todo al mismo tiempo. Todo el campo de batalla se adjudican, de las trincheras a los francotiradores. Sálvese quien pueda. A lo largo de mi vida, los he encontrado en todos los ámbitos y esferas de la vida, en todas las situaciones, no cabe asociarlos a ninguna escala o posición social, son así, como los champiñones, necesitan muy poco, tres gotas de agua y media hora de sombra para crecer. Y sobreviven, cada día lo tengo más claro, porque raramente se topan con similares y cuando lo hacen huyen escarmentados, como asustados por contemplarse ante un espejo. Pero sobreviven, suelen salir airosos, intacta su capa de heroica sinceridad, porque la mayoría no somos como ellos. Porque con estos megasinceros de tan fácil autoproclamación en más de una ocasión he tenido la tentación de enarbolar su misma bandera y mostrarme con la misma sinceridad que contemplo, y no por fastidiar o por contraatacar, no, sólo por saber como reaccionan. Por simple curiosidad. Porque tengo la impresión de que estos tan sinceros a lo mejor no llevan tan bien tanta sinceridad cuando se refiere a ellos mismos y lo escuchan por boca de otros.

No estoy haciendo, ni mucho menos, un alegato de la mentira, pero sí, por supuesto, de la cordura, del raciocinio y del saber estar. Como también lo estoy haciendo de tener mano izquierda, una cierta elegancia, y si es posible, sobre todo, tener educación. Y de saber qué es eso que se llama "don de la oportunidad". Y recuerdo la experiencia acumulada de todos aquellos con notas plagadas de suspensos. Para este 2021, del que tanto y tanto esperamos, tanto, deseo más franqueza, y menos de esta sinceridad tan tóxica y maleducada. Más saber estar y más control oral: no hay que decir todo lo que se te pasa por la cabeza. Que es lo mismo que pedir, ya puestos, y vaya lo que pido, más cordura y educación.

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