Tribuna

Rafael Recio Barba

Médico Traumatólogo

¿Por qué me han reanimado?

¿Por qué me han reanimado? ¿Por qué me han reanimado?

¿Por qué me han reanimado?

Desde estas páginas quiero recordar la situación vivida por Anne Beaudoin y sus reflexiones acontecidas con la muerte súbita de su hijo Eduardo cuando tenía seis años. Estas reflexiones las ha plasmado en un libro, su libro ¿Por qué me han reanimado? Anne Beaudoin es una médica jubilada, la conocí cuando ella ejercía de pediatra en un hospital comarcal. Su hijo Eduardo, en noviembre de 2002, sufrió un acontecimiento trágico que marcó y paralizó su vida. El niño sufrió una muerte súbita en su colegio, cuya reanimación y posterior rehabilitación le consumió todas y cada una de las horas del día. En 2008 abandonó la medicina para estar al lado de Eduardo y darle la mejor vida posible a pesar de las importantes secuelas neurológicas que padece. Después de todo lo vivido, siente que no tiene derecho a callarse, ni como representante de él, ni como madre, ni tampoco como médica. "Es esencial -según ella- que toda la sociedad conozca la historia de Eduardo y reflexione honestamente acerca de las realidades y consecuencias de la reanimación cardiopulmonar". Así lo relata en su libro.

A los seis años, Eduardo, un niño sano, tuvo una muerte súbita en el patio de su colegio al volver del recreo. Fue reanimado. Al cabo de dos semanas salió de la Unidad de Cuidados Intensivos en estado vegetativo. Ha tenido que afrontar obstáculos de todo tipo, muchos de ellos insuperables. A pesar de todos sus esfuerzos, vive hoy en un cuerpo estropeado que le impide gozar de libertad y autonomía. Es una historia de superación y el libro la cuenta a través de fragmentos del pasado y del presente la lucha de Eduardo por recuperarse. Por otra parte, el testimonio de su vida, destrozada por la reanimación cardiopulmonar, sirve para debatir sobre el tema y cuestionar los fundamentos éticos de este procedimiento médico supuestamente salvador de vidas. No creen, ni la autora ni el protagonista de la historia, que se pueda seguir glorificando la tecnología médica por encima de la dignidad humana.

Podemos definir la muerte súbita como la aparición repentina e inesperada de una parada cardíaca en una persona que aparentemente se encuentra sana y en buen estado. Llegados a este punto, ¿hay que evitar la obstinación terapéutica y las prácticas fútiles que disminuyan la confortabilidad y asegurar el uso proporcionado de los medios? ¿Es prudente la aplicación de una muerte confortable y así evitar la soledad en esta etapa de su vida con un acontecer incierto? ¿Pero qué ocurre cuando es un niño?

Estoy seguro que todos y cada uno de nosotros intentaríamos por todos los medios su resucitación, pero, ¿qué ocurre si queda en estado vegetativo? Y qué pocas veces terminan en una vida futura comparable con aquella que tenía antes del evento. Sam Parnia, experto en reanimación cardiopulmonar de la Universidad Estatal de Nueva York y referente en este tipo de resucitación, que para algunos es controvertido, en su libro Resurrecciones. La ciencia que está borrando la frontera entre la vida y la muerte, cuestiona dónde está el punto de retorno de esa zona gris que separa la vida de la muerte, lo marca el cerebro, muy vulnerable a la disminución de oxígeno.

"Hay dos tipos de muerte, la cardiaca y la cerebral. La reanimación busca que el corazón, el motor del cuerpo, se reactive. Es lo que se puede reanimar. La otra muerte, la encefálica, si se produce por una lesión específica, se puede intentar tratar a nivel cerebral; pero si hay una lesión irreversible en el cerebro, no se puede reanimar", según explica la doctora Cruz Martín, vicepresidenta de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Crítica y Unidades Coronarias (Semicyuc). Esta situación es tan difícil de abordar por no vulnerar alguno de los principios de la bioética (Beneficencia, No Maleficencia, Justicia y Autonomía).

Existen circunstancias en las que el equipo de resucitación debe plantearse la posibilidad de establecer límites a sus esfuerzos, tanto en lo referente a omitir la RCP, como a suspenderla. Ambas decisiones son ética y legalmente idénticas, y deben ser adoptadas por el médico responsable. A toro pasado, valga la expresión, podríamos pensar que la reanimación inútil podría considerarse distanasia (prolongación sin piedad de la vida) y debe ser evitada. Hoy en día estamos constantemente expuestos a informaciones que hablan de avances en medicina que han obrado milagros en situaciones extremas, no aceptando la muerte como entidad natural. La vida es un bien y la salud su máximo exponencial, pero la vida sin "salud esperada" no permite su recuperación funcional, es la senda del sufrimiento propio y el dolor de los demás, familiares y amigos.

La obstinación terapéutica, se presenta como consecuencia del avance tecnológico, que permite alargar la vida de forma artificial hasta límites insospechados. Con estos conceptos llegamos a plantear la muerte digna o una vida digna. Pero, ¿cómo definir la limitación del esfuerzo terapéutico en este caso?, sobre todo tomar una decisión en fracciones de segundo. Como médicos, todos haríamos lo mismo, intentar salvar al paciente, pero... ¿es siempre lo correcto?

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