Tribuna

Emilio Jesús Rodríguez

Abogado

El poder judicial en la nueva normalidad

El poder judicial en la nueva normalidad El poder judicial en la nueva normalidad

El poder judicial en la nueva normalidad / rosell

Como ciudadanos de este siglo desconcertante y voluble, nos hemos acostumbrado a habitar en la volatilidad. Contemplamos, desde la lejanía, aquellos tiempos en los que la referencia de lo mensurable podía ser la vida humana. Siempre nos han acompañado, sucediéndose en tornadizo fluir, modas que, en su esencia, entrañan lo temporal, lo mudable. Ya no discutimos lo efímero. Lo hemos integrado en nuestro estar y, por ello, reside, inadvertido, entre la rutina y la indiferencia. Durante la segunda mitad del siglo pasado, vimos desfilar -entre el desconcierto y la diversión- voluntariosos esfuerzos de cambiar las rutinas, que reptaban y se confundían, a veces, entre agitaciones políticas. Éstas se postulaban como el tránsito necesario hacia las soluciones definitivas para el mundo. Y siempre en todas ellas, como motivo inspirador, la libertad. Como una meta, como una necesaria razón construida de deseo, muchas veces perturbada por turbulencias desnaturalizadoras de su auténtica esencia. Hanna Arendt nos dibujó una línea separadora entre libertad y liberación. La liberación de aquello que comprime los pulmones de una sociedad es una condición necesaria para la libertad, pero nunca es una condición suficiente para alcanzarla.

Después de estas recientes renuncias voluntarias a nuestros espacios exclusivos de libertad, nos encontramos con el anuncio de una "nueva normalidad", una noción que puede antojársenos paradójica. Turbadora amenaza para lo que aún no conocemos. Y, aunque todavía andamos intentando poner cara a este constructo, reparamos en que ni siquiera es algo nuevo, que parece (nos cuentan) que ya sirvió ese new normal (no, tampoco es fruto de la agudeza de uno de nuestros políticos ni de sus asesores) para explicar, en el campo de Agramante económico, las secuelas que la crisis de 2008 había provocado en nuestras economías. Pese al bostezo de nuestra entumecida memoria, ya hemos conocido antes otras "nuevas normalidades" referidas a distintas realidades: demográficas, económicas, climáticas, democráticas… Aun así, hay quienes aseguran que esa discutida estructura gramatical no deja de ser una construcción contradictoria porque no podría calificarse de nuevo a aquello que es lo habitual, lo normal. Por el contrario, otros arguyen que lo ordinario puede mutar con el paso del tiempo, y acotarlo no sería pecado. Mas, con independencia de que nos hallemos ante una expresión más o menos afortunada, lo que es cierto es que se ha colado en nuestra vida y parece que con ánimo de permanencia.

Una… nueva normalidad también podría traer bajo el brazo nuevas oportunidades de mejora de nuestras reglas de juego democrático en momentos, como este, de indudable desconcierto. Confiar en un poder judicial alejado de manera real de la influencia y la presión de otros poderes del Estado es mucho más que un deseo: es una esperanza para la regeneración de nuestro sistema constitucional. Para que la misma devenga en realidad, entendemos imprescindible un Consejo General del Poder Judicial independiente, lo que pasa, indefectiblemente, por confiar la designación de sus miembros en los propios magistrados, sin perjuicio de que se pudieran establecer mecanismos de garantía aportadores de cautelas que evitaran, que desde ese poder imprescindible, se hiciera fuerte una visión autista de una realidad que lo apartara de la sociedad a la que sirve, impidiendo que la ciudadanía pudiera identificarlo como un reducto privilegiado que se parapeta en su ebúrnea atalaya repleto, para algunos, de abominables sinecuras.

No es trascendente que esta escenografía en la que nos vemos obligados a desenvolvernos se haya visto delineada por unos trazos anómalos. Es el terreno de juego en el que nos toca medirnos. De nuestra pericia dependemos. Hoy es tiempo de fajarnos y mirar de frente. No se puede perpetuar una práctica pasiva y gemebunda desde tan cardinales magistraturas del Estado. Hoy toca mirar de frente a un problema estructural de nuestro Estado. Porque está en juego más de lo que algunos creen. Y no parece imprudencia aplicar un proverbio árabe según el cual quien quiere hacer algo encuentra un medio, quien no quiere hacer algo encuentra una excusa.

Es humano dudar ante esas expectativas inciertas que se ciernen sobre el futuro inmediato, que nos colocan en un territorio de amenazas involutivas y de desánimo. Pero también es humano afrontarlas. Ante un peligro caben dos actitudes: la huida o acometerlo. La acción es el ejercicio de la libertad, el despliegue de la capacidad de querer actuar. Eso toca hacer.

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