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Tribuna

Salvador Gutiérrez Solís

@gutisolis

La cámara te quiere

Es un libro sobrio, sin una lírica de victimismo, tampoco de justificación, sobre un mundo que es más familiar de lo que realmente solemos confesar

La cámara te quiere La cámara te quiere

La cámara te quiere

Poetas que nos visitaron, que compartieron sus poemas, que es lo mismo que compartir las entrañas. Acabó una nueva edición de Cosmopoética, God Save The Poetry, repitamos una y mil veces, que es el reinado más justo y hermoso de cuantos podamos encontrar, vivir y, sobre todo, leer, como una forma de sentir. Una edición con sonido british, punkarra en su concepción, y que, como viene siendo habitual, ha contado con algunos de los nombres más representativos y prestigiosos del panorama poético nacional e internacional. Poética viajera, de Chernóbil a Venecia, de Manchester a Valencia, por las callejuelas de Córdoba, el hombre del paraguas sigue sin protegernos de los poemas, y que no lo haga nunca, que esa lluvia siempre se agradece, que nos moje y cale hasta lo más adentro. Tiempo de lecturas, diálogos y presentaciones. La recién clausurada edición de Cosmopoética ha servido de rampa de lanzamiento de la última criatura literaria de Pablo García Casado: La cámara te quiere.

Los lectores de Pablo padecemos durante años su ausencia, no se prodiga tanto como nos gustaría, pero siempre vemos compensada la espera cuando leemos sus nuevos libros. En cada uno de ellos, desde Las afueras a La cámara te quiere, García Casado ha sido capaz de reinventarse y de, sobre todo, adentrarse en espacios que no han sido habituales de la poesía. Una demostración constante de que no hay ámbitos estrictamente poéticos, que las fronteras están abiertas y que todo y todos podemos caber en un poema. El atlas sigue sin coordenadas estables, en permanente construcción. Superado con creces el espacio de lo cotidiano, de lo real, Pablo nos ha llevado por las alcantarillas más insanas del dinero, por la inquietud del padre ante la vulneración de los derechos sociales y ahora nos sumerge en el mundo de la pornografía, desde muy diferentes puntos de vistas.

La cámara te quiere es un libro sobrio, sin concesiones, sin una lírica de auxilio o de victimismo, tampoco de justificación, sobre un mundo que nos es más familiar de lo que realmente solemos confesar, al menos públicamente. Las cifras de consumo, producción y distribución son las que son, y no están soportadas sobre un público fantasma: somos nosotros. La pornografía, tal y como aparece en este poemario, puede ser el escenario ideal para lo sórdido, lo repulsivo, o lo esclavista, incluso, pero también puede representarse bajo la rutina de un oficinista que exhibe su cuerpo y su sexo, con un horario establecido, la nómina por tu tiempo y renuncias, como cualquier otro ámbito o sector profesional. Y también muestra, claro, a todos nosotros, a todas nosotras, al vecino que baja la basura, a los dueños del mando distancia o del ratón, al otro lado de la pantalla, deseosos que la cámara quiera más y más a los cuerpos que nos muestra. Un mundo que puede ser un juego, una provocación, una mera diversión, una fantasía o el sentido de una vida, de muchas vidas, desde el deseo, el trabajo o la obsesión. Por un precio, por un sueño, por esa pasión que no nos atrevemos a confesar. Y que tal vez sea una pasión común, cuando la pornografía no se sitúa tras la frontera de la marginalidad. Intento imaginar su día a día. A dónde va cuando se apagan los focos.

La cámara te quiere, de Pablo García Casado, también es una descarnada, profunda y lúcida reflexión sobre el éxito de la exhibición desmedida, esa orgía transparente en la que muchos han convertido sus vidas, que no dudan en mostrarse, más allá de la desnudez física, con tal de alcanzar los minutos de esa gloria que guarda tanto parecido con el infierno. Un poemario con el que García Casado vuelve a estirar el mapa de la poesía escrita en español, una vez más. Con sus poemas ilumina rincones que tradicionalmente han permanecido a oscuras, como si no formaran parte de nuestras vidas, cuando en realidad están muy presentes. También tú, a cualquier hora, pero mejor de madrugada.

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