Tribuna

Salvador Gutiérrez Solís

@gutisolis

Televisión pública: bastaba con querer

Una buena noticia para todos los que amamos la música, ya que la volvemos a encontrar en un medio que durante décadas fue su hábitat natural

Televisión pública: bastaba con querer Televisión pública: bastaba con querer

Televisión pública: bastaba con querer

A algunos, por lo que parece, por lo que demuestran, la palabra pública, o público, les provoca sarpullidos, como una especie de alergia sin vacuna. Lo público, entendido como lo de todos, porque todos lo mantenemos y todos lo disfrutamos. Hablamos de educación, de sanidad, de ley de dependencia, de pensiones (dignas), de prestaciones por desempleo y de tantas otras medidas y servicios que se ocupan de nosotros porque son o deberían ser derechos universales o cuando somos más vulnerables. Y ojo, todos, todos sin excepción, por uno u otro motivo, podemos llegar a estar en una situación de vulnerabilidad.

Durante años, porque se han recortado derechos, que llevaría demasiado tiempo enumerar, hemos sido más vulnerables. Y no solo desde un punto material, perdiendo prestaciones que se pueden cuantificar económicamente, también desde un punto de vista cultural. Y la terrible subida del IVA solo es la punta de un iceberg dispuesto a taladrar la frágil embarcación en la que históricamente ha navegado la industria cultural española. Radio Televisión Española ha sido, históricamente, una gran plataforma, una gran escaparate, de la cultura española. Y, sobre todo, de la cultura más emergente, más vanguardista. Sin Radio 3, sin La Edad de Oro, todavía en la Segunda Cadena, de la siempre recordada Paloma Chamorro, la Movida habría sido, a lo mejor, solo una ola de la que se habrían enterado cuatro amiguetes contagiados de nocturnidad. Almodóvar, Gabinete Caligari, Radio Futura, Barceló o García-Alix entraron en nuestras vidas porque una radio y una televisión públicas y de calidad nos los llevaron hasta nuestros hogares. Y nosotros, todavía con aquellas televisiones coronadas con toritos de terciopelo y flamencas pizpiretas, comenzamos a asumir a aquella panda de locos geniales gracias al vertiginoso trayecto que unió, en un tiempo record, la extrañeza con la admiración.

Sí, Radio Televisión Española cumplió una función educacional que nadie le puede negar, y no solo desde el punto de vista de las vanguardias. Recordemos La Barraca, Los gozos y las sombras, Cañas y barro, Yo Claudio, Doctor en Alaska, el primer Informe Semanal, La clave, Retorno a Brideshead, Estudio 1 y un sinfín de programas y series memorables de un alto contenido cultural y emocional.

No me cabe duda de que Radio Televisión Española ha influido, y mucho, en el hombre que soy hoy (espero que eso no le suceda a mis hijos, con referencia a la televisión actual). Y, en concreto, buena parte de mis referencias y conocimientos musicales se los debo al Ente Público (siempre me ha encantado esta expresión). Ordovás, Manrique, Casas, Flores, Salas, Rubira o la mencionada Chamorro han sido esenciales en mi pasión por la música. Y es que en Televisión Española siempre ha habido muy buenos programas musicales. Durante años, nos hemos tenido que conformar, y disfrutar, con Cachitos en cualquiera de sus versiones. Presentado por Virginia Díaz, a la que también puedes escuchar cada día en 180 grados de R3, uno de los mejores programas de radio en la actualidad, y dirigido por Jero Rodríguez, Cachitos no es solo una exhaustiva búsqueda en el desván musical del pasado, también es un espacio necesario, por su pedagogía, especialmente para los más jóvenes, ya que pueden encontrar todas esas referencias que han tallado la música actual que escuchan.

Después de muchos meses, tal vez años, consumiendo televisión enlatada, series y películas que me gustan a la hora que yo decido, el pasado martes lo pasé realmente bien, muy bien, viendo primero el Cachitos especial Techno y a continuación el estreno de La Hora Musa. Oye, resulta que no es tan difícil ofrecer un espacio musical de calidad. Un guión simple y no recargado, formato original pero sin recurrir al exceso, un plató moderno y nada estridente, una azotea muy Beatle, una presentadora que cumple sobradamente con el objetivo, cediendo el protagonismo a los invitados, Maika Makovski, bandas e interpretes reputados y, tachán tachán, música en DIRECTO, más aún, buena música en directo.

No era tan difícil, bastaba con querer. Una buena noticia para todos los que amamos la música, ya que la volvemos a encontrar en un medio que durante décadas fue su hábitat natural. Ojalá dure, por todo lo que significaría.

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