Tribuna

Salvador Gutiérrez Solís

@gutisolis

Andalucía somos todos

Y la paleta de los colores, en Andalucía, no es que sea extensa, es infinita. Hasta donde se pierde la vista y vuelta a empezar

Andalucía somos todos Andalucía somos todos

Andalucía somos todos

Con frecuencia nos empeñamos en que todo cuente con una definición muy concreta y específica, sin acepciones, para tratar de explicar cualquier situación, comportamiento, idea o sentimiento. El corsé, que todo se adapte a una talla concreta. El 90, 60, 90 más allá de las curvas. El canon, qué nos gusta, y que nadie escape de eso. Los grises, siempre olvidados, siempre incomprendidos, no aceptados, como una posibilidad cierta, que son, realmente. Cuando llega el día de Andalucía se reparten carnés de andalucismo por las esquinas, como si alguien tuviera en su propiedad la definición, el vocablo exacto, el molde y el modelo de lo que es ser verdaderamente andaluz. Plenamente andaluz, andaluz por los cuatro costados. Nada de lo que extrañarnos, por otra parte, porque nos sucede con casi todo en nuestra vida. Esto es Flamenco y esto no lo es. Esto es una obra de Arte y esto no lo es. Esto es salmorejo y esto no lo es. Esto es Literatura y esto no lo es. Y siga añadiendo más asuntos a la interminable lista, que seguro le suenan argumentos y comentarios similares. Que en infinidad de ocasiones trasladamos a ámbitos más sensibles, más profundos. Esos que nos tocan la fibra, y no precisamente la de la banda ancha. Esto es una familia y esto no lo es. Esto es patriótico y esto no lo es. Esto debe ser prohibido y esto debe ser permitido. Esto y lo de enfrente. Los matices, obviamos los matices, ni verlos queremos, porque con frecuencia consideramos que en la simpleza se encuentra la verdad y no, no siempre sucede. Complejos, incluso complicados. Como nosotros mismos lo somos, porque lo somos, y la vida y sus ingredientes más importantes también los son. Complejos. Y diferentes. Y volvamos a la gama de grises, que existen en la paleta de colores, tan amplia como la paleta de personalidades, sentimientos o de sensibilidades.

Y la paleta de los colores, en Andalucía, no es que sea extensa, es infinita. Hasta donde se pierde la vista y vuelta a empezar. Va más allá del blanco y negro, también sucede con los verdes, los rojos, los morados, los azules y los naranjas, no hay tonalidades fijas, estándares, inmutables, somos muchos los colores y en muy diferentes tonalidades, y todas son Andalucía. Porque es tan andaluz como cualquiera el gadita carnavalero del Falla, el cordobés que marea el sofrito del perol por San Rafael, el malafollá granadino que se toma una tapa en calle Elvira, el malagueño de espetos y boquerones, el onubense cantarín de la costa o el minero de la sierra, el almeriense del desierto y la nieve, el jienense que se pierde entre los olivos o el sevillano miarma en la cola de los calentitos. Y es tan andaluz el pego, picha, churra, illo, quillo, jartá, nene o primache como cualquier poema de Góngora, Lorca o Cernuda. Y suenan como andaluces, porque lo son, el chatarrero de mi barrio, los responsables de la lonja de Isla Cristina, Camarón, la frutera de la esquina, Triana, María José Llergo, Los Planetas o Antonio Banderas. Y saben a Andalucía el pipirrana, la porra antequerena, el flamenquín, las papas con choco, el menudo, la berza, la pringá o el aliño, ya lo prepare tu madre, tu cuñado, Paco Morales o Ángel León. De la mesa con hule a la estrella Michelin.

Un 28 de febrero más volvemos a enfundarnos la bandera, la verde y blanca -que también es la bandera de todos los andaluces, hasta de quienes no la consideran como tal-, desde la mercadotecnia, la estrategia, la confrontación, pero también desde el sentimiento, el reconocimiento, la admiración o la seducción. O desde la identidad, que es algo que nos habla de la tierra y de la sangre. Bello, por tanto. Lo reconozco, me siento profundamente orgulloso de ser andaluz, algo que entiendo como un privilegio. Me gusta serlo, sentirlo, me siento cómodo, y no es ironía, con muchos de los estereotipos que nos adjudican. Con todos, no, evidentemente. Y quienes no comparten este sentimiento, de orgullo, hasta quienes lo ponen en duda, incluso quienes lo rechazan, son tan andaluces como yo. Porque la definición del "ser andaluz" es así de abierta, de libre, de aglutinadora. Todos, a nuestra manera, somos Andalucía.

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