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La política vuelve a ser el problema, no la solución

Necesitamos una política de la mejor calidad para aprovechar al máximo el plan europeo de recuperación económica

Cuando el coronavirus sigue siendo una realidad y aún mueren personas en las UCI, aunque ya muy pocas, la política vuelve a ser el principal problema de los españoles y no, como debería, la solución. Por una parte, tenemos un Gobierno de la nación que parece abonado al disparate, que un día es capaz de pactar con los herederos intelectuales y sentimentales de ETA y al día siguiente generar un auténtico conflicto con el Poder Judicial y con la Guardia Civil a cuenta de las investigaciones por los actos del 8 de marzo. Por la otra, una oposición cuya única estrategia parece ser el trazo grueso, incapaz de ofrecer verdaderas alternativas y que no da la sensación de estar preparada para asumir el control del Gobierno en cuanto sea necesario (y con lo que se está viendo puede ser en cualquier momento). Como fondo de tanto garrotazo entre políticos, vemos un país que ayer se puso de luto oficial al mismo tiempo que apenas puede reprimir la felicidad al contemplar el final del túnel de esta pandemia, pese a que todo el mundo sabe que los tiempos que se avecinan no van a ser precisamente un camino de rosas.

El gran problema es que carecemos de una política constructiva justo en el momento que más falta hace. No sólo para culminar la desescalada de una forma ordenada y con garantías, sino también para activar cuanto antes el país. Ayer mismo se supo que la Comisión Europea ha aprobado un plan de recuperación económica frente a la pandemia valorado en 750.000 millones de euros, de los que España, segundo mayor receptor, podría captar unos 140.000 millones. Es evidente que necesitamos una política de la mejor calidad, con visión generosa y patriótica de las cosas, para aprovechar al máximo esta lluvia de millones. No hacerlo supondría una tragedia para miles de hogares españoles y un tremendo descrédito de nuestro país ante los socios comunitarios, algunos de los cuales se han opuesto con tesón a dichas ayudas. Pero mucho nos tememos que tanto el Gobierno como la oposición no van a estar a la altura.

El Ejecutivo debe abandonar inmediatamente su deriva radical y absurda, potenciar alianzas más centradas y ofrecer a Europa garantías de que todo se hará con eficacia y moderación. Por su parte, la oposición debe apoyar al Gobierno para salir de este camino sin sentido. Ahora es mucho lo que nos jugamos. Nada más y nada menos que la reconstrucción.

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