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La nueva movilidad, un reto urbano

La nueva movilidad es positiva para la salud pública y el medio ambiente, pero debe ser regulada para garantizar la seguridad

El amplio proceso de peatonalización que han experimentado los centros urbanos en los últimos tiempos, unido a las restricciones en general del tráfico convencional, a una mayor concienciación medioambiental de los ciudadanos y a la irrupción de un turismo masivo en las ciudades andaluzas, está generando una nueva movilidad a la que los ayuntamientos -aunque no todos- están dando diversas respuestas en forma de normas y ordenanzas. Los carriles-bici, que ya son parte del paisaje de muchas localidades, se han llenado en los últimos tiempos de todo tipo de artefactos de tracción humana y tracción eléctrica que no siempre pueden garantizar la seguridad de los viandantes. Es el momento de poner un poco de orden en todo este desbarajuste, como ya han hecho los ayuntamientos de Málaga o Sevilla, por ejemplo. En primer lugar, es importante poner en el centro de la prioridad al peatón, que es el elemento más frágil de los muchos que se mueven por la ciudad. La experiencia de la bicicleta nos demuestra que no es tarea fácil y que el aprendizaje de la convivencia entre ciclistas y viandantes es algo que requiere tiempo y pedagogía. Después hay que diferenciar muy claramente entre los que son vehículos de tracción humana (bicicletas, patines o patinetes sin motor) y los que tienen motores eléctricos. Los primeros generan unos evidentes beneficios tanto en la salud de los usuarios como en el medio ambiente, por lo que tienen que tener una protección prioritaria en las normativas. Los segundos, que sirven también para descongestionar el tráfico y reducir las emisiones, deben catalogarse según la potencia del motor. No hay que ser un especialista en seguridad vial para comprender que la velocidad con la que circulan algunos de estos artefactos provoca situaciones de evidente peligrosidad que deben ser evitadas. No es cuestión de colocar en el punto de mira a nadie, sino de hacer de nuestras calles lugares en los que los desplazamientos se puedan realizar con la mayor seguridad posible. Aparte, hay que hacer esfuerzos para delimitar muy claramente cuáles son los espacios peatonales y cuáles los de convivencia entre viandantes y vehículos, algo que no siempre se consigue, generando situaciones de peligrosidad y tensión.

Los nuevos vehículos son positivos para la movilidad urbana, ya que la hacen más sostenible y saludable, pero deben estar regulados por el bien de la convivencia y la seguridad. Estamos ante uno de los retos más importantes de las ciudades actuales.

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