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El laberinto nacional

Cada partido parece más ocupado en decirle al adversario lo que tiene que hacer y no en hacer su propio movimiento en aras de un acuerdo

Hay que volver a las palabras del Rey sobre la situación política. Llegados a este punto -¿de no retorno?- toda insistencia es poca, si se tiene en cuenta la dimensión del bloqueo institucional. Que además no presenta visos de disminuir. "En cualquier momento, en dos meses, puede surgir la noticia", auguró Felipe VI el domingo desde Mallorca -sin duda expresando en voz alta su deseo- en alusión a los sesenta días que tiene el Congreso de los Diputados para llegar a un acuerdo después del intento fallido del candidato socialista. Los ciudadanos agradecerán al jefe del Estado la más que necesaria inyección de optimismo porque, por el momento, si nos atenemos a las señales provenientes de las fuerzas políticas, las noticias no son halagüeñas; ni siquiera apuntan a que los españoles puedan atisbar en el horizonte un resquicio por el que salir de este embrollo dominado por las estrategias de los partidos, empeñados en el enroque. Parece que la cultura del entendimiento -que en otros periodos de nuestra historia más reciente dio tan buenos resultados- haya desaparecido de la acción política en nuestro país, dada la dialéctica actual de unos y otros, de derecha a izquierda, en la que sobresalen las ocurrencias disparatadas, chirría la ironía más barata y retumba el sarcasmo trasnochado. En este contexto no conseguimos vislumbrar la más mínima aportación digna de ser tenida en cuenta y por contra sí demasiado enfrentamiento inundando, pues, un laberinto en el que parece atrapada una clase política que, al tiempo que dice hacer suyas y asumir las palabras del jefe del Estado sobre la conveniencia de no recurrir a otras elecciones para desatascar la situación, no demuestra que esté haciendo grandes esfuerzos en descubrir la dirección que haga posible dicha circunstancia. Como hemos dicho, cada formación política centra su tarea prioritaria en decirle al adversario lo que debe hacer y no en ejecutar su propio movimiento en un ejercicio de devolución de la pelota que hace de la situación un partido tedioso e interminable... hasta que suene la hora de convocar otros comicios. Entretanto, el líder socialista, tras su fracaso en el primer intento de investidura, intenta recabar apoyos de colectivos y grupos sociales que pueden brindarle todo el afecto, la solidaridad y hasta la comprensión que se quiera, pero no los votos que necesita en el Parlamento para ser presidente del Gobierno. Pedro Sánchez tiene hoy el encuentro con el Rey en el Palacio de Marivent. Sin duda Felipe VI volverá a transmitirle lo que expresó el domingo: la necesidad del acuerdo. Es deseable que el jefe del PSOE, presidente en funciones, tome nota. Él es quien tiene la máxima responsabilidad en toda esta encrucijada.

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