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Andalucía, 'zona cero' del cambio climático

Todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad en un problema que es local y global al mismo tiempo

La región mediterránea, en la que se incluye Andalucía, se está calentando un 20 % más rápido que la media mundial, según el Primer Informe de Evaluación Científica Sobre el Cambio Climático y Medioambiental en el Mediterráneo, que se presentó ayer en el Cuarto Foro Regional de la Unión por el Mediterráneo. El problema es muy grave, ya que las peores previsiones indican que la temperatura aumentará 2,2 grados en 2040 y que para 2100 el nivel del mar subirá un metro, afectando a un tercio de la población de la zona, unos 200 millones de personas. La autora principal de dicho informe, la científica Semia Cherif, hace hincapié en los efectos que el cambio climático tendrán sobre el agua y la comida, lo cual pondría en peligro los medios de subsistencia de una buena parte de los habitantes de esta parte del planeta. Asimismo, según el informe, de no rebajarse ya la emisión de gases de efecto invernadero, el alza de la temperatura en 2100 podría llegar a los cinco grados.

Evidentemente, estamos ante unos datos muy preocupantes que han sido elaborados por un grupo de científicos rigurosos, un informe que puede ser lógicamente debatido y corregido, pero que muestra algo que ya se viene apuntando desde hace tiempo: que toda la cuenca del Mediterráneo está siendo una de las zonas más afectadas por el calentamiento global y que, como dicen algunos expertos, el desierto del Sahara ya ha empezado a saltar el Estrecho de Gibraltar. No se trata de ser alarmistas ni de admitir sin sentido crítico lo que algunos ya llaman la religión verde, pero lo cierto es que los datos objetivos sobre las temperaturas son cada vez más preocupantes. Por ejemplo, según se supo ayer, este mes de septiembre ha sido el más caluroso de Sevilla desde 1957.

Ante esto, todos sabemos que la única posibilidad de reducir el calentamiento es disminuir drásticamente la emisión de gases de efecto invernadero. Para ello es necesario que todas las administraciones -local, autonómica y central- tomen las medidas pertinentes. También, que los ciudadanos sean comprensivos con éstas, pues muchas de ellas afectarán probablemente a su bienestar o a su bolsillo. El tiempo se acaba y hay que actuar ya. Todos tenemos nuestra cuota de responsabilidad en un problema que es global y local al mismo tiempo. De nosotros depende que las próximas generaciones no tengan que vivir en un desierto en apenas ochenta años.

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