La voz

La comunicación se torna reactiva al dictado de la putrefacta actualidad

La voz es un reallity show bajo un formato extranjero importado. El objetivo de este formato es encontrar a la mejor vox -digo, voz- de nuestro país. El 2 de diciembre de 1901 Mr. Gillette, de Wisconsin, registraba la patente de la hoja de afeitar desechable. 117 años después, en el mismo día empieza el casting de La Voz España y la temporada de rasurados apurados en Andalucía. Anda el patio revuelto porque los voceros han reunido diez mil personas en Vistalegre, "La Chata", coso carabanchelero en el que el PCE en el 77 celebró un mítico mitin feminista que tuvo un efecto arrollador, visto el número de secretarias generales y mujeres adscritas a su comité central desde entonces hasta hoy. El PSP de Tierno celebró allí el primer acto autorizado de la izquierda también en el 77, antes de ser fagocitado. Espalda plateada González, Felipe el rey del mitin, acostumbraba a abrir ahí sus campañas; ZP fue proclamado candidato en 2004 y 2008 en la arena de Carabanchel: trayectoria de más a menos, hasta la incomparecencia. Iglesias Turrión, desde los medios ha disparado a la luna y se le ha parado el reloj -tic, tac, ¿recuerdan?-.

En política lo que parece importa más que lo que es. Y lo que parece es que America first y Make America Great Again es el formato que importa La Vox, y tiene pegada entre el respetable. Los incomparecientes, asustados, van a persistir en el error de eso que llaman "pedagogía política", que no es otra cosa que dar la turra al personal diciéndole cómo tienen que ser, cómo tienen que hablar y cómo tienen que pensar: así han llevado el agua a su molino tantos años que ya no cuela. Ni gota.

El tránsito desde los partidos de masas hacia las maquinarias de marketing electoral continuo tiene varios efectos a la vista. La comunicación se torna reactiva al dictado de la putrefacta actualidad; se abandona la reflexión y los programas electorales se convierten en una incoherente carta de servicios microsegmentada ad nauseam. Hay que dar a cada colectivo y a cada minoría lo suyo, y luego rascarle el voto. Colectivos y minorías artificiales, fruto de estudios de mercado de cuarta. Y mientras, se abandona a la minoría mayoritaria: el contribuyente neto. Si a eso de la "derechita cobarde y la veleta naranja" y "cada descalificación de Iglesias, Sánchez o Torra, nos las colgamos como una medalla en el pecho" son capaces de añadir los tres o cuatro asuntos que preocupan a la minoría mayoritaria, en las próximas generales Abascal va a decidir quién gobierna. La Voz se puede convertir en Operación Triunfo.

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