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El virus de la desconfianza

La suspensión del Mobile World Congress, un tremendo varapalo a la imagen de España

Media España contiene la respiración ante las primeras medidas o las intenciones de este Gobierno: agricultores, judicatura, fiscales, enseñanza concertada, profesiones médicas, fuerzas de seguridad, empresarios, exportadores y distribuidores, constitucionalistas en Cataluña, víctimas del terrorismo, exilio venezolano, Iglesia católica, ¿el Rey?… ¿Quién puede fiarse de Sánchez ni aun entre los suyos? ¿Quién de Iglesias? Los nombramientos en áreas sensibles, en los que el sectarismo es norma que a nadie escandaliza ya, son de chiste o de broma macabra, nunca ha estado tan bajo el listón desde los tiempos del miliciano Rogelio y la República secuestrada por el Frente Popular.

Y naturalmente, empieza a recogerse el fruto acostumbrado en forma de desconfianza internacional. Una desconfianza que se extiende por las principales cancillerías, comenzando por Estados Unidos, con un Trump que de ninguna forma se va a cruzar de brazos ante experimentos que puedan recordar a los que Obama consintió, y que no duda en emplear temibles argumentos arancelarios y económicos contra gamberros de cualquier clase. El enorme escándalo Ábalos/Delcy y las cuarenta maletas del expolio venezolano, unido al trato otorgado a Guaidó, ha hecho saltar muchas alarmas, y confirmado las peores sospechas de complicidad de la izquierda española con las narcotiranías.

Y en medio de todo eso saltó la suspensión del Mobile World Congress, un tremendo varapalo a la imagen de España y no digamos de Barcelona, en los mismos días en que, sin miedo al virus, miles de empresas de todo el mundo, incluyendo a las chinas, feriaban en Amsterdam. ¿Cómo se explica semejante incongruencia? La palabra es desconfianza. Cierto es que no hay peligro actual en Barcelona, pero, si se produjera un solo caso, ¿serían fiables las distintas administraciones con competencias a la hora de enfrentarse a la crisis? ¿Alguien recuerda el caos originado en la edición anterior del MWC por la huelga del transporte y las amenazas de reproducirla este año? ¿Nadie se acuerda de los distintos momentos en que, en el último año y ante la mirada del entero mundo, la ciudad ha sido tomada por las turbas, el centro incendiado y los comercios saqueados? ¿De verdad alguien puede creer que hoy Barcelona es un lugar apetecible para hombres de negocios? A muchos puede parecerles más bien una enorme ratonera a poco que las cosas se tuerzan. Los españoles hemos de contener la respiración, los ciudadanos del mundo se quitan el problema de un papirotazo.

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