Reloj de sol

Joaquín Pérez Azaústre

La vieja mansión Foster

Una mansión inglesa, un incendio y tres cadáveres: esto no es una noticia, esto es pura literatura. Sin embargo, es una realidad: la Policía ha encontrado en la mansión de Maesbrook un tercer cadáver, después de que hace tres días hallaran otros dos. Los ingredientes son notables, especialmente para una aventura de Sherlock Holmes o de Hercules Poirot, aunque quizá, por ser la mansión inglesa, la investigación se ajustaría con más exactitud al genio deductivo del inquilino de Baker Street. Todos los datos de este suceso, que tiene conmocionado a Reino Unido, son escalofriantes en esa perfección con que los sucesos plagian al arte, al cine o a la literatura. Lo dice Humhrey Bogart/Harry Dawes en La condesa descalza, a partir de la muerte de la condesa Torlato-Favrini/Ava Gardner, como se empeña siempre "la vida en imitar al cine".

En el condado de Shropshire, en el noroeste de Inglaterra, es la vida también la que ha imitado a la literatura. En una vieja mansión majestuosa viven el millonario Christopher Foster, de 50 años, su esposa Jill, de 49, y su hija Kirstie, una adolescente de 15 años. En la misma finca estaban los establos, con los tres caballos pertenecientes a los padres y a la hija, y libres, sobre el verde encallado en las laderas, cuatro perros de caza. El marco, casi clásico, que nos recuerda quizá el inicio de la magnífica Expiación, la novela de Ian MacEwan, aunque quizá la escena es algo más modesta en la novela que en la adaptación cinematográfica. Todo transcurre con aparente sencillez, en la normalidad británica, mientras se apaga el verano y ya se va pensando en el inicio encendido de septiembre. Sin embargo, nada hay tan encendido como la noche del 26 de agosto, cuando la casa se incendia en circunstancias muy extrañas y aparecen los muertos: la esposa, Jill, con varios tiros en la cabeza, y otros dos cadáveres que pueden ser los de Christopher y la niña, aunque todavía no se han identificado. Junto a ellos, el rifle del patriarca millonario. Los animales de la finca, los tres caballos y los cuatro perros, también fueron sacrificados de un tiro cada uno, y así fueron encontrados por la Policía en las caballerizas. Los agentes de la ley de West Mercia creen en que el incendio fuera provocado y, también, que Jill fue asesinada.

El incendio se declaró la madrugada del 26 de agosto, cuando la familia había regresado de una barbacoa en casa de un amigo. La clave puede estar en Christopher Foster, cuya empresa Ulva Ltd., que le había proporcionado una fortuna, había empezado su liquidación, acumulando deudas por 1,15 millones de euros. La vieja mansión Foster estaba valorada en 1,5 millones, pero no podía venderse por una orden judicial. ¿Qué pasó realmente aquella noche? Habrá que leer el libro.

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