Representatividad, separación de poderes y libertad de expresión no son meras formalidades, son requisitos sine qua non para la existencia de una verdadera democracia. La última ha de ir precedida de una libertad de pensamiento que se ha visto cercenada en los últimos treinta años tanto por el supuesto fracaso del sistema educativo -absoluto éxito a estos efectos-, como por la infantilización de la sociedad promovida por los que marcan la agenda política. ¿Recuerdan ustedes la primera vez que escucharon a un dirigente político decir que había que hacer pedagogía sobre tal o cual cosa? Desde ese momento dejaron de ocultar que nos consideran idiotas e inmediatamente quedó demostrado que lo somos profundamente.

Estos días de brocha gorda poco importa todo y una vez arrasada en la población la capacidad de pensamiento racional, se aprueba la censura de lo que no interesa bajo la etiqueta del mensaje de odio; ahora resulta que cuando nombro aquí como a mí me parece al Marqués de Galapagar, al Conde-Emir de Pinar del Rey, al Bello Pedro o a cualquier otro de los cagabandurrias que nos empujan al abismo estoy odiando. Por suerte para mí -pero también para ellos- el odio es un sentimiento que no tiene acomodo en mi corazón, si no, de qué iba yo a estar obligándome a escribir esta columna, que escribo libremente por responsabilidad política. La rechoncha de Pedrojeta, nos pone a huevo la reflexión sobre la ausencia de representatividad. Ya es sabido que votamos nosotros, pero ellos eligen quién va en las listas; el proceso de cooptación por el cual han llegado a la cabeza las instituciones la mayoría de quienes hoy las presiden es un mecanismo perverso que está en el origen de la deficiente calidad del presidente medio. Se busca un perfil débil y con algún muerto en el armario, lo que permite tener bien cogido por la entrepierna al macho o a la hembra a colocar, eso en teoría lo hace manejable, cosa que se puede cumplir, como parece en el caso de Aguirre con Ayuso, o no, como es seguro en el caso de Susana con Pedro.

Ya les digo que no es una elección, se trata de la designación de las vacantes existentes en una federación de privilegiados entre los miembros de la misma. Esencialmente se trata de feudalismo y funciona de maravilla si está regado con nóminas y crédito para la mayoría como tuvimos aquí hasta 2008, eso nos protegía como campesinado, y produjo el espejismo de que si bien no éramos todos iguales, igual podríamos serlo; pero no, la vida regalada está reservada para los elegidos. En arqueología existen los estratos negativos, por ejemplo una fosa -no su relleno- o el hueco de un poste, eso nos enseña a valorar en el análisis las ausencias, que son imprescindibles en la visión de conjunto. Faltaban los populismos en el perímetro del festín del statu quo. Pedrojeta es mi pastor, nada me falta, me has preparado un banquete ante los ojos de mis enemigos; has vertido perfume en mi cabeza, y has llenado mi copa a rebosar. Muchos son los llamados y pocos los elegidos a la mesa del señor. La vidorra.

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