El insurrecto

Mi vida no es de nadie

EL es alumno. Y militante de un partido político. Charlamos después de la tutoría. Como amigos. Y me dijo: Yo quiero que gane mi partido por encima de todas las cosas. Yo le pregunté: ¿Por encima de la razón? Y él me contestó: Por supuesto. Volví a preguntarle: ¿Por encima de la verdad? Y él me contestó: Por supuesto. Y antes de despedirnos le hice una última pregunta: ¿Por encima de la libertad? Y él, sonriendo, seguro de sí mismo, me respondió con la misma pregunta que utilizaba Lenin como fundamento político: ¿Para qué sirve la libertad?

Él es alumno. Y vive del partido. En consecuencia, también es lógico que viva por y para él. El partido es su casa y la estructura y la jerarquía y la disciplina sus pilares éticos. Incuestionables por vitales. Su existencia dentro del organigrama depende del respeto por las reglas del juego. Toda su libertad individual equivale a la dimensión de su estómago. Cómo han cambiado las cosas. Bertolt Brecht se preguntaba ¿de qué sirve la libertad, si no tengo nada en el estómago? Ahora tendría que preguntarse justo lo contrario: ¿de qué sirve la libertad, si tengo lleno el estómago? Lo que terminaría por dar la razón a mi alumno y a Lenin: ¿Para qué sirve la libertad?

La libertad no es un color primario para la sociedad primermundista. Es como los zapatos. Sabes que encarcelan tus pies pero te olvidas que los llevas puestos. La libertad no pasa de ser una premisa que se da por supuesta aunque no exista. Un decorado invisible del subconsciente colectivo. Algo que no importa si se vive bien. De un modo estable. Esa es la palabra clave y el color uniforme del que está pintada la sociedad que nos engulle. Estabilidad es el disfraz de la felicidad. Ya lo decía Aldous Huxley: "Actualmente el mundo es estable. La gente es feliz; tiene lo que desea (ý) Nuestros hombres están condicionados de modo que apenas pueden obrar de otro modo que como deben obrar. Y si algo marcha mal, siempre queda el soma. El soma que usted arroja por la ventana en nombre de la libertad".

Él es alumno. Y vive del partido. En consecuencia, también es lógico que viva por y para él. Y contra cualquiera que lo ataque. No es causalidad que después de "para" y "por" la siguiente preposición en la lista sea "contra". Todos los partidos políticos sin excepción confunden las preposiciones cuando los ciudadanos hacen uso de la libertad que ellos desprecian. Si alguien cree en una causa y lucha por y para ella, el partido que sienta vulnerados sus intereses inmediatamente argumenta que actúa en su contra. He luchado por varias causas justas. Por evitar desmanes urbanísticos, ocupaciones ilegales de vías públicas, atentados contra los derechos fundamentales, injusticias históricas, discriminaciones interculturales, estatutos amañados, elecciones conjuntasý Y siempre he tenido que soportar la irracionalidad del partido político que confundió la preposición de mis intenciones. Afortunadamente, han sido varios y de distinto color. Para muchos eso me convierte en un loco. Y tienen razón. Porque mi vida no es de nadie. Políticamente hablando. Por ahora.

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