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La colmena

Magdalena Trillo

mtrillo@grupojoly.com

El triste ejemplo de Granada

La UE ultima una normativa que obligará a los Estados a fijar planes alternativos que eviten el aislamiento ferroviario

Granada lleva tres años de aislamiento ferroviario y no pasa nada: los turistas se las ingenian para seguir llegando a la ciudad y los granadinos continúan viajando a golpe de resignación y de paciencia. El 7 de abril de 2015, el Ministerio de Fomento decidió cortar el servicio de trenes para agilizar las obras del AVE. El corte no iba a durar más de cuatro meses. Mil días después, nos acordamos del bloqueo cuando compramos un billete en tren a Madrid -y sin darnos cuenta nos vemos subidos en un autobús con un puñado de japoneses despistados rumbo a Antequera- y cuando las plataformas de protesta toman las calles para celebrar -con relativo éxito de convocatoria- las tristes efemérides de la "vergüenza".

Calculan las instituciones y los empresarios que el impacto del bloqueo supera los 420 millones en pérdidas y no pasa nada: la llegada del AVE continúa sin fecha y sin más compromiso que la palabra del presidente Rajoy asegurando que se inaugurará "en 2018". El Gobierno ha logrado culminar las obras, pero la explotación queda ahora en manos de la Agencia Estatal de Seguridad. Aquí no hay prisas ni presiones; se pondrá en marcha cuando los técnicos lo determinen y poco importa si se adelantan las elecciones o se atrasan. En Moncloa lo saben y en Génova también.

Y no pasa nada en España... pero sí en Europa. Lo paradójico es que se lo debemos a la pequeña ciudad de Rastatt. En agosto se produjo un accidente y se derrumbó un túnel que afectó al estratégico eje de comunicación ferroviario entre Alemania y Francia. Las eurodiputadas socialistas Inés Ayala y Clara Aguilera han utilizado la presión social y empresarial de esta importante región para elevar una pregunta a la Comisión de Transportes del Parlamento Europeo, poner de relieve la incomunicación de Granada e intentar evitar que se repita.

El 2 de mayo se aprueba el presupuesto comunitario y el 28 se fijará el reglamento sobre infraestructuras transeuropeas -afecta a los nueve corredores- con la inclusión de un protocolo de buenas prácticas que exigirá a los Estados miembros que establezcan un plan alternativo -viable y lo menos perjudicial posible- cuando se aborden proyectos de gran envergadura que afecten a los servicios de transporte de la ciudadanía. Es muy sencillo: garantizar que ninguna ciudad o región europea pueda quedarse tres años sin tren y no pase nada… Y, con la ayuda de Rastatt, se lo deberemos al "triste ejemplo de Granada".

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