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Mensaje en la botella

Le toca a la cultura de Córdoba

Córdoba no se entiende sin su patrimonio cultural, pero tampoco sin sus creadores

Muchos son los sectores que la pandemia se ha llevado por delante, por desgracia, y muchas son también las actividades para las que no ha habido ningún tipo de suerte en la llamada desescalada. Simplemente, los gobiernos se olvidaron de ellas o no se consideraron como prioritarias en unos momentos en los que salvar vidas humanas era lo primero. Con el paso de las semanas y la normalización, parece que las cosas están cambiando y que lo que ayer estaba en el cajón, hoy empieza a tener relevancia.

En ese paquete se podría incluir a la cultura, esa que tantos vacíos ha llenado -en todas sus manifestaciones- durante los largos días del confinamiento y que comenzó a levantar la voz cuando se anunciaron las primeras medidas contra el cierre económico que hemos sufrido.

Un país de primer orden como es -o quiere ser- España, no puede dar de lado a sus creadores. En primer lugar, porque muchos de ellos, en cualquier rama, han sido y son embajadores de esta tierra. A todo ello se une que más allá de esas caras populares que se asoman a nuestra vida a través de los medios de comunicación, detrás hay toda una industria de la viven miles de familias, que genera riqueza y que ofrece una imagen en el exterior que a su vez repercuten en otras actividades de la economía, como puede ser el turismo y en subsectores como el del ocio o la gastronomía.

Y en ese contexto, Córdoba es una de las ciudades -y también su provincia- que no se puede permitir el lujo de arrinconar a la cultura. Somos conocidos en el mundo entero por nuestra riqueza patrimonial, por un buen puñado de símbolos que ejercen como palanca para, a su vez, mostrar otros atractivoss que tiene esta tierra desde el punto de vista histórico, natural o de la creación artística. Por ello, la moción aprobada hace unos días en el pleno de Capitulares adquiere una gran importancia, un acuerdo unánime de todos los grupos políticos cuyo único fin es relanzar la cultura cordobesa.

No es que la partida económica prevista -200.000 euros- sea la panacea para este sector, pero supone un compromiso para que desde lo público se defienda uno de los sellos de identidad de la ciudad. A ello hay que sumar el compromiso de la Junta de Andalucía de abrir sus museos a partir de mañana y la más que previsible -aunque trabajo ha costado y tendrán que explicar el por qué- apertura de las pinacotecas municipales. Córdoba no se entiende sin su patrimonio cultural, pero tampoco sin sus artistas, esos que tienen rostro, que representan unos valores que tenemos también la obligación de defender, porque forman parte de ese engranaje que a su vez posibilita que miles de personas se puedan ganar la vida. Pasado el luto -que no el dolor- hay que apostar por lo que nos representa ante el mundo. Le toca a la cultura de Córdoba, esa misma que también nos toca a nosotros el corazón.

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