Crónica Levantisca

J. M. Marqués Perales

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Nuestras teles

La pluralidad mal entendida es que un secretario de Canal Sur siente a un vicepresidente como testigo en un juicio

Hay una pluralidad mal entendida que consiste en el reparto entre los plurales. Por ejemplo: Canal Sur, la RTVA.

La pluralidad de la nuestra alcanza tal nivel de extrema biodiversidad que el miércoles pasado el vicepresidente del Gobierno andaluz, Manuel Jiménez Barrios, compareció como testigo de telediario en el juicio de los ERE a petición del secretario adjunto del consejo de administración de Canal Sur. Sí, el abogado del PP en este caso, y en muchos otros, estaba allí, sentado junto a los miembros del tribunal, con su toga y todo, a pesar de que su contrato estipula que su trabajo en la RTVA es de dedicación exclusiva. El PP propuso en su día a su abogado de jornada como secretario adjunto del consejo de la RTVA, y el PSOE, como lo necesitaba para alcanzar el acuerdo por ley, se lo aceptó. A cambio, claro.

A cambio, por ejemplo, de que un ex alcalde socialista de Tarifa de los años de María la de las Castañas siga sentado en ese consejo porque se quedó sin trabajo gracias a una moción de censura entre un comunista renegado y unos cuantos concejales populares. Claro, que el PP también mantiene sentado en la mesa a parte de su historia antediluviana. Casi coetáneos de los dólmenes de Antequera. Para el museo de la autonomía, ese que está por Coria.

Esta es la pluralidad mal entendida, con independencia de que aportemos sobre estas líneas gravísimas dudas sobre la utilidad de dicho consejo, un grupo elegido por el Parlamento andaluz de hace ya tres legislaturas. Tan poco eficaz que hasta carece de presidente. Y no se nota. Como la ley para la renovación es tan exigente, tan pretendidamente plural que es necesaria una mayoría de tres quintos, es imposible el acuerdo.

Con la RTVE ocurría algo parecido, de modo que, como el acuerdo era impracticable, el Gobierno de Pedro Sánchez lo ha resuelto por la vía del decreto. El método habría sido legítimo si el objetivo hubiera sido acabar con la mamandurria. Pero resulta que no, que sólo se trataba de un cambio galdosiano de cesantes, y ahora hay políticos de izquierdas, de más a la izquierda, un nacionalista vasco que es asturiano y algún moderado tildado de facha por no comer carne cruda. Y el voto de ERC se consigue a cambio de que Sánchez tenga que hablar con el tal Torra de la autodeterminación de Cataluña. Venta a pellizcos de la RTVE.

Mire, para eso casi me quedo con lo de Canal Sur, con su abogado de los ERE, que al menos tuvo la decencia de abstenerse de interrogar desde el mullido sillón carmesí al vicepresidente. De telediario.

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