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Veredas livianas

Noelia Santos

nsgemez@eldiadecordoba.com

Las de siempre

El 8M abriéndose paso en las manos que agarraban fuerte la fregona para los suyos y para los otros

La comida que quieras, la aceptación sin ningún tipo de pero, el ten cuidaito, los trajes de gitana hechos a mano, el conocimiento sin fisuras de cómo están los olivos, la botella de agua al lado de la mecedora, Pasapalabra, Saber y ganar, el termo gigante de café para calmar la pena, los dolores, los caramelos en el bolso, el comed vosotros y ahora comeré yo.

La pérdida temprana, el pelo muy negro, el mantenimiento familiar, el legado en formas de ser, el nombre bonito, el recuerdo perenne, las visitas periódicas y obligatorias al cementerio, el pueblo que es tuyo, la emigración, la superviviencia, la cara calcada en las últimas generaciones.

El 8M abriéndose paso en las manos que agarraban fuerte la fregona para los suyos y para los otros, feminismo de base enseñando a los hombres a trabajar las varetas, seis hijos y una ciudad, el campo y sus dueños y ella.

Sostener la familia desde la periferia hasta el sur, desde la campiña hasta el levante. En lo físico y en lo moral, en comer y en reír, en beber y en llorar, en vestirse e ir a votar. Sostener la identidad desde lo mínimo para que se haga fuerte cuando ya no están.

Cabecillas de un clan familiar que puede tambalearse, pero que siempre se mantendrá la noche del 5 de enero y la tarde del día 6 con una cama llena de deseos, con el yo creo que he visto a alguien por ahí y con un salón a rebosar de bocas abiertas y tu foto mirándolo todo desde arriba.

La espalda cargada con todo lo vuestro, los recuerdos propios y los que me enseñaron, los sueños recurrentes en los que tenía más ganas de conocerte, la lista de cosas que habríamos hecho y la lista de cosas que nos quedan todavía por hacer.

La mujer detrás de la madre, la madre dos veces, el padre también. La sabiduría de las cosas que importan, la creencia infinita en el triunfo de los suyos, la dedicación abnegada a cambio de nada. Lo de siempre, las de siempre, las abuelas.

Desde fuera huele bien, se cocina lo que tú enseñaste, van a empezar a llenar la mesa y estoy segura de que están pensando en ti. También aquí hay ganas de comer, acabas de colocar los cubiertos bien puestos en sus respectivas servilletas y sé que guardas un postre para cada uno.

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