Mi querencia jardinera me empujaba con fuerza esta semana para escribirles sobre Israel y Palestina: sobre el conflicto, su origen, las identidades en el nacionaljudaísmo y en el islamismo, la desaparición del laicismo cuyo hueco va siendo rellenado por una concepción sagrada de la guerra -cuando no hay nada más profanador que la guerra-, las oportunidades truncadas y los intereses recíprocos de los extremos de mantener el enfrentamiento como fuente de su razón de ser. Les iba a hablar de los niños, que son sagrados. Y de cómo distinguir un estado democrático imperfecto de una perfecta satrapía tomando como indicador dónde sitúa cada uno a los más débiles en caso de conflicto armado.

Pero Marruecos ha hecho estallar el conflicto previsible -yo les avisé aquí hace tres años: "Mientras aquí nos entretenemos con lazis y contralazis, Marruecos ha puesto la mili entre los 19 y los 25 años: 600.000 efectivos a sumar a los 190.000 existentes, y en 5 años 3 millones de soldaos en la reserva. Al loro."- y toca decir un par de cosas o tres.

Primera. Los niños son sagrados y además de protegerlos hay que hacer que los responsables de ponerlos en primera línea del conflicto lo paguen muy caro: señora embajadora, los actos tienen consecuencias. Segunda. No es Marruecos, ni siquiera el Rey, que es un degenerado cúbico -no hay más que verlo-, es el majzén. Tercera. La única manera de que cambie la tendencia es que la superioridad militar española sea tan abrumadora que la satrapía marroquí no contemple la opción militar ni como remota hipótesis defensiva: se llama disuasión. Cuarta. Es preferible un sátrapa más o menos títere, más o menos colocao, por muy vicioso que sea, que una revuelta que dé paso a escenarios como Libia o Iraq. Dicho sea de otro modo: con Gadafi y Hussein el mundo era algo mejor, pregunten a libios e iraquíes, o a sirios. Quinta: dos cucharadas de la medicina que se aplica injustamente a Rusia serían suficientes para quebrar a los cortesanos: bloqueo de todos los activos del rey niñato en Europa e inspecciones quirúrgicas del SEPBLAC a los intereses de los más destacados miembros del majzén, empezando por el Sr. Othmani.

Sexta. Desincentivar económicamente a las fábricas de coches francesas y alemanas su traslado de producción a Kenitra: esa guerra la tenemos doblemente perdida aquí y allí. Séptima. Respecto al público objetivo, el principal efecto llamada ha sido el cartel de los voceros en la campaña de Madrid, señalando exactamente a la satrapía los grupos de edad que tenían que empujar a la frontera. Octava: Los generales de wasap le podían haber echado los huevos en el Sáhara cuando aún los tenían como los tigres, y no andar ahora sembrando vientos; es decir, si la satrapía no quiebra por sanciones y sigue apretando en España, habrá que apretarles allí donde más les duele. Novena. Al sexto de aquí mejor dejarlo al margen, no vaya a ser que se le vea el plumero.

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