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Alto y claro

José Antonio Carrizosa

jacarrizosa@grupojoly.com

Ellos sabrán

Los militantes del PSOE han tirado por la borda su historia, su poder territorial y la forma de gobernar en Andalucía

No estoy entre los miles de personas que andan estos días con lo de ya lo dije yo. Todo lo contrario: mantuve hasta el mismo domingo que las primarias del PSOE caerían del lado de Susana Díaz, a pesar de que tras el recuento de avales la duda era más que razonable. Lo hice -constatando que como pronosticador político no tengo precio- porque siempre me pareció imposible que la militancia socialista tirara por la borda tantas cosas como arrojó ese día. En las urnas de cartón se quedó para siempre la historia de los últimos cuarenta años del partido. La de ese PSOE que con Felipe González al frente transformó España en los años ochenta, el que incorporó a nuestro país a Europa y lo transformó como nunca antes había cambiado. Lo que queda en el partido de ese periodo estaba convencido, y lo proclamó con toda la fuerza que pudo, que la opción de Pedro Sánchez era lo peor que les podía pasar a los socialistas.

También se hizo saltar por los aires el poder territorial del PSOE, el sistema según el cual los territorios, sobre todo en los que se gobierna, tienen mucho que decir en la calle Ferraz y son muy tenidos en cuenta a la hora de trazar estrategias y establecer liderazgos. Los militantes socialistas han despreciado el poder del partido. Las baronías han quedado expresamente desautorizadas y parece que se avecinan tiempos de purgas y de crueles tensiones internas.

Pero sobre todo, y visto desde esta tierra quizás sea lo fundamental, se ha mandado al cubo de la basura la forma andaluza de entender el partido, una fórmula que objetivamente se puede considera de éxito porque les ha permitido gobernar la Junta de Andalucía desde que fue creada. Al PSOE de Andalucía le han dado en las primarias la mayor bofetada de su historia, la que nunca le han dado los electores en las urnas. El hecho de tener poder institucional, liderazgo social y un proyecto político que podrá ser todo lo discutido que se quiera, pero que por lo menos existe, ha sido desautorizado por los militantes, que han visto en Susana Díaz la encarnación de una política opuesta a sus postulados de izquierda.

Todo lo que han tirado por la borda lo han sustituido por un modelo y un liderazgo que ha fracasado reiteradamente en las urnas y que ha provocado una división que ríase usted de la de Prieto y Largo Caballero en la República o la de guerristas y renovadores en los noventa. Ahora al que le toca coser es a Pedro Sánchez, de cuyas capacidades hay motivos sobrados para dudar. Pero, curado de espantos, me abstendré de hacer pronósticos: ellos sabrán.

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