La roña

Ya lo dijo aquél: el que se mueve no sale en la foto. Y desde que lo dijo hasta hoy todo ha sido rodar y rodar

Ccomo todos los años cuando empieza el séptimo mes -por algo se llama septiembre- vuelve uno a Pegoland -copio el término con la venia del maestro erre mayúscula punto Ruiz- y parece que algún miserable desconsiderado se haya dejado encendida la calefacción. En Miarmi Sity pasa igual. Y es que salir del ocio con esta caló es una verdadera aberración que debería tener tipo propio en el Código Penal. Empezamos pues, disciplinados, a negar el ocio tan pronto y a esta temperatura, y por bueno que sea el bisnes (que lo es), vamos con la mala leche a punto de ebullición y a punto de testificar en el más romano de los sentidos.

El retorno sería mucho más llevadero con una mijita de aire acondicionado en colegios e institutos, y con menos gilipollas y gilipollos en teles, radios y portadas. Total que en coche, de Córdoba a Sevilla y vuelta, de negocios -que es a lo que los menesterosos nos vemos obligados- con un senecto ingeniero vuelve a salir el temita, esta vez adornado por el último artículo sesudo de uno del Quebec que viene ahora a contarnos lo del triunfo del mediocre en forma de teoría del sanwich mixto, que no viene a ser más que una relectura de ley de hierro de la oligarquía de Michels en la que el primer argumento se ha dado la vuelta: llegan a la élite -del francés elire: los elegidos- no aquellos capacitados para afrontar temas complejos y tomar decisiones de forma rápida, sino los que no se salen de la media. El resto de la ley de hierro, sobre cómo la cooptación perpetúa el trust oligárquico permanece igual.

Ya lo dijo aquél: el que se mueve no sale en la foto. Y desde que lo dijo hasta hoy todo ha sido rodar y rodar, rodar y rodar. Y saber llegar, que ya lo dijo el arriero. Y vaya si han llegado y de qué manera. Y no deciden un carajo, porque han trepado echándole la culpa a otro y en lo más profundo de su ser llevan grabado el riesgo que conlleva decidir: si te equivocas eres la diana de todos los dedos índices del resto de escaladores.

Si los marqueses someten a plebiscito si se compran un chalet, a mí como si oigo llover; lo chungo es cuando se someten a plebiscito asuntos que pueden cambiar el sentido de la Historia -el Brexit, verbigracia-, con la mirada corta en el trepa que llevan un par de escalones por debajo, cuando se les ha elegido para que debatan y acuerden soluciones, para que consigan equilibrios que beneficien a la mayoría, respetando a la minoría. Los que deciden que lo mejor es no decidir se merecen que les cague un palomo cuando bostezan. Se acabó el verano, volvemos a la roña.

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